Larva migrans cutánea, conocida también como erupción reptante; consiste en una infección cutánea producida por varios nemátodos. Generalmente se adquiere en las playas arenosas tropicales y subtropicales; en nuestro país es frecuente en las playas del Caribe.

 

ETIOLOGÍA Y PATOGENIA

 

Los nemátodos que producen larva migrans cutáneas son principalmente el Ancylostoma brazilense y Ancylotoma caninum; dichos parásitos se encuentran en intestinos de gatos y perros, sus huevos se depositan en las heces que contaminan el suelo arenoso y húmedo propicio para que las larvas  penetren la piel humana a través de los folículos pilosebáceos, de fisuras en la piel o aun en ausencia de soluciones de continuidad. Las larvas labran un túnel en la epidermis avanzado entre varios milímetros hasta 3 cm diarios dando como resultado la característica erupción reptante.

La larva no es capaz de completar su ciclo natural en el humano quedando confinada encima de la capa basal de la epidermis (raramente en la dermis superficial) debido a que no secreta olagenasas que llevarían a la invasión de la dermis. Su migración puede aparecer al cuarto día de la penetración en la epidermis, siendo más evidente en las noches. La larva muere de 2 a 8 meses persistiendo en ocasiones hasta por más de un año.

 

CUADRO CLÍNICO  

 

Los sitios más frecuentes de penetración de la larva son los pies (dorso y plantas 85%), espacios interdigitales de pies, nalgas, manos, rodillas, senos y muslos; en el Hospital Infantil Lorencita Villegas de Santos se observó el caso de un niño con compromiso facial exclusivo y existe otro caso informado con afección en mucosa oral.

Clínicamente aparece una pápula pruriginosa que coincide con el sitio de entrada de la larva; día a semanas después, se presenta el trayecto lineal serpiginoso que se va labrando en la epidermis produciendo una respuesta inflamatoria local por la eliminación de enzimas preteolíticas.

Los signos y síntomas cutáneos más frecuentes son el prurito, la morfología serpiginosa lineal, edema, vesicoampollas y dolor.

El 95% de los casos ocurre por caminar sin la protección del calzado o por el contacto con la arena de las playas.

CLAVES DIAGNÓSTICAS 

 

Morfología de las lesiones.

Distribución y progresión de las lesiones.

Prurito.

Antecedentes epidemiológicos.

Eosinofilia (30 a 80% de los casos).

Microscopía de epiluminiscencia (método rápido, no invasivo y efectivo para la detección de la larva).

 

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL 

 

Dermatitis de contacto alérgico: por la presencia de pápulas, vesículas y el prurito en las dos entidades; mayor confusión cuando no ha aparecido el trayecto lineal de la larva migrans cutánea.

  • Dermatofitosis.

  • Otras larvas migratorias. (Necator americanus, Uncinaria stenocephala, Gnathosthoma spinigerum, Strongyloides).

CONDUCTA

 

Su diagnóstico es fundamentalmente clínico, basado en la evidencia de las lesiones cutáneas con típicos trayectos serpiginosos y muy pruriginosos. Localizados fundamentalmente en zonas donde el grosor de la piel es más delgado como los espacios interdigitales de los pies, nalgas y muslos. Una anamnesis orientada a preguntar al paciente sobre viajes recientes a países tropicales nos ayudará en el diagnóstico.

La biopsia de la lesión es extremadamente difícil pues con frecuencia, el parásito se localiza más allá de las lesiones visibles. Las pruebas hematológicas pueden, en algunas ocasiones, revelar eosinofilia o discreto incremento de la IgE2,3.

Algunos autores proponen la epiluminiscencia microscópica como diagnóstico de confirmación y otros ELISA para detectar IgG específica4.

Esta dermatosis plantea diagnóstico diferencial con otras parasitosis: larva migrans viscerale, erupciones por Strongyloides Stercolaris, nódulos subcutáneos o granulomas debidos a otras especies y cuadros clínicos de miasis y con otras enfermedades más comunes como dermatitis alérgicas de contacto, sarna, pioderma o urticaria facticia2.

Aunque normalmente la larva desaparece por sí sola en uno a seis meses, el intenso prurito y la sensación desagradable que tiene el paciente de la larva arrastrándose a través de la piel, nos obligan a prescribir un tratamiento adecuado.

Existen varias opciones terapéuticas tópicas y sistémicas. Clásicamente se han venido utilizando la crioterapia en el extremo de la lesión que progresa, pero con el inconveniente de la dificultad de identificar la posición exacta del parásito5. El tiabendazol tópico al 10% puede utilizarse en algunas lesiones no muy extendidas, debe administrarse repetidamente a lo largo del día y exige especial seguimiento para evitar recurrencias. Algunos autores sugieren el uso tópico de crema con 2% de gammexano; ungüento con 25% de piperazina o metrifonato. El uso sistémico de tiabendazol 50 mg al día, durante dos a cinco días, podría ser utilizado en el caso de lesiones extensas, pero está contraindicado por una baja tolerabilidad de sus efectos secundarios. Flubendazol 200 mg al día, durante cinco días, está actualmente en fase experimental, y podría presentarse como una posibilidad de futuro6.

Actualmente, una alternativa válida al tratamiento convencional es el uso de Albendazol 400-800 mg/día, durante un periodo que puede variar entre dos y siete días, y según los últimos estudios parece alzarse como la droga de primera elección6.

Como medidas preventivas en Atención Primaria debemos recomendar a nuestros pacientes un calzado adecuado para evitar el contacto con la larva en playas tropicales.

Por ser una enfermedad poco habitual en nuestro medio, no debemos perder la capacidad de sospecha y debe estar presente en los diagnósticos diferenciales en Atención Primaria.

 

En resumen:

    1.- TRATAMIENTO TÓPICO:

  • Tiabendazol 10 al 15% (cura 99% de lesiones en 4 semanas). Se recomienda aplicarla 3 veces al día por 5 días.

  • Ivermectina loción (en fórmula magistral).

  • Crioterapia (resultados controvertidos).

   2.- TRATAMIENTO SISTÉMICO:

  • Tiabendazol 25-50 mg/kg/ día por 2 a 4 días.

  • Albendazol 400 mg única dosis ó 2 veces al día por 3 a 5 días.

  • Ivermectina gotas (no hay tabletas en nuestro medio).

Se recomienda el uso de calzado como prevención.

 

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