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CHUPARSE EL DEDO
Chuparse el dedo es una conducta normal de los lactantes. Debe considerarse problema solamente cuando persiste después de la infancia. El tipo más frecuente es chuparse el pulgar. Hay ideas populares equivocadas que dicen que el chuparse el dedo siempre interfiere con la forma de los dientes y del maxilar inferior. Esto es muy raro; se observa sobre todo cuando el chuparse los dedos persiste después que ha empezado la erupción de los dientes definitivos. Pueden producirse callos en el dedo, pero esto solo es un problema estético. El hábito puede establecerse durante la primera infancia, sobre todo durante la dentición. Se ha sugerido que chuparse demasiado los dedos dependía en parte de una duración inadecuada del tiempo de mamada cuando el niño tomó el pecho. En general, brinda una sensación de alivio y es particularmente probable que se produzca al dormirse y cuando hay fatiga, aburrimiento, inseguridad, o sensación de infelicidad. El chuparse el dedo puede terminar espontáneamente a la edad de un año; más tarde suele persistir hasta los tres o cuatro años de edad.
Durante la infancia no se necesita tratamiento ninguno; cualquier inter­ferencia activa como el empleo de restricción o de substancias amargas está contraindicado. Un chupete puede substituir al dedo si el lactante lo acepta. El chuparse excesivamente el dedo después de los primeros años de la vida puede ser sospechoso de mala higiene emocional. Esto requiere una investigación más profunda, y probablemente el tratamiento psicológico del niño y de su familia. El niño no ha de ser un objeto de escrutiño constante por los padres. Pueden utilizarse tácticas de diversión que brinden mayor alegría al niño que chuparse el dedo.

TICS
Los tics son movimientos involuntarios rápidos y repetitivos, que pueden durar poco rato, o presentarse intermitentemente y desaparecer. Consisten sobre todo en cerrar los ojos, carraspear, toser secamente, encogerse de hom­bros, girar la cabeza hacia un lado, o desplazar el borde de la boca hacia abajo. Un niño feliz y seguro raramente desarrolla tics. Estos suelen aparecer como consecuencia de relaciones tensas dentro de su casa, conflictos internos relativos a la insistencia de los padres sobre una conducta específica, a veces por tipos de alimentación excesivamente controlada. En la forma extrema del tic puede haber un movimiento brusco de separación de ambos brazos y piernas simultáneamente, acompañado de un grito como ladrido (enfermedad de Gilíes de la Tourette). Aunque los tics pueden aparecer en periodo tan temprano como es la edad de 18 meses, el momento más frecuente de apari­ción es el periodo de entre seis años y la pubertad, cuando las tensiones pueden generarse por la socialización necesaria, y por los intentos del niño que quiere ser cada vez más independiente de sus padres. Un tic muchas veces se acompaña de otros trastornos de la conducta, como timidez, inquietud, temores nocturnos, vómitos, o mordeduras de uñas.
El tratamiento se dirigirá a suprimir la tensión en el ambiente y los conflictos que ello genera. Factores domésticos como actitudes de los padres coercitivas o punitivas, o presiones para lograr grandes resultados en la escuela, pueden ser causas desencadenantes. Quizá sea responsable también una atmósfera escolar de excesiva competencia. Puede necesitarse psicoterapia directa. Hay que estudiar la estructura total de la personalidad del niño para determinar cuál sea la terapéutica más eficaz con el fin de aliviar la situación. El tratamiento cyie incluye cambios ambientales suele dar buen resultado. Los tics deben distinguirse de la corea y de enfermedades neurológicas que pro­vocan movimientos musculares incontrolados y sin finalidad.

MIEDOS Y FOBIAS
Todos los niños tienen miedo, y es perfectamente normal que lo tengan cuando está justificado. Así aprenden a evitar situaciones amenazadoras para ellos. Son frecuentes el miedo a la obscuridad, a los perros, a los ruidos intensos, a los estallidos de violencia y a los fracasos escolares. Suelen ser imitación de miedos similares que tienen los padres que les sirven de modelos, aunque los símbolos pueden ser diferentes en el adulto, y los miedos pueden estar enmascarados.
Aparecen problemas psicológicos cuando los niños tienen miedo de todo, por ejemplo cuando el miedo domina toda su perspectiva; cuando el efecto del miedo es dominar su juicio y su inteligencia; cuando las proyecciones de la fantasía se vuelven para ellos realidades. El miedo excesivo de algún objeto o una situación particulares, que persiste y no tiene justificación, es de tipo fóbico. La fobia es un miedo morboso, por ejemplo miedo a caer de las altu­ras, miedo de ser asfixiado, miedo de las multitudes. Las fobias deben tra­tarse por un especialista de conducta, psicólogo o psiquiatra.
Todos los miedos guardan estrecha relación con falta de madurez y sen­saciones de inseguridad. Los miedos excesivos (fobias) son tan poco lógicos que no pueden suprimirse con miedos lógicos. Un médico puede ayudar a un niño mostrándole que es normal tener miedo del médico y de las inyecciones, con lo cuail prepara el camino para que el niño corrija él mismo los miedos anormales que tenga.

MASTURBACION
La manipulación de los genitales, o masturbación, es normal en los niños. Suele empezar en la segunda mitad del primer año de la vida, poco después de descubrirse los genitales. El descubrimiento de esta sensación agradable muchas veces ocurre al rascarse por irritaciones locales o al tocar los geni­tales los adultos que cuidan de los niños. Un niño puede conocer las sensacio­nes producidas por manipulaciones de placer antes que tenga lugar la per­cepción sexual.
Entre los tres y los seis años de edad hay una excitación temprana de sensaciones sexuales, como proceso natural del crecimiento. Se presenta en mayor o menor grado en todos los niños, y hay el deseo de ver y tocar los genitales. Durante la adolescencia la sensación sexual puede expresarse en “citas”, bailes, reuniones, y fantasías y sueños eróticos.
La mayor parte de niños se masturban con mayor o menor intensidad en los primeros años de la vida, pero el tiempo de comienzo varía. Sin embargo, la masturbación frecuente suele ser manifestación de ansiedad, tensión e inseguridad. Los genitales pueden manipularse sin que el niño incluso se per­cate de las personas que hay a su alrededor. En ocasiones, la irritación local de las zonas genitales y anales constituye factor predisponente. La práctica también puede aprenderse de otras personas. En el tratamiento será bueno distinguir la masturbación rara, que no es problema de conducta, de la mas­masturbación compulsiva o incontrolable, expresión de dificultades de la personalidad. La primera no necesita más tratamiento que dar seguridades y tranquilidad, la última necesita ayuda.
En casos de masturbación compulsiva, hay que corregir las situaciones emocionales que llevan a la criatura a buscar esta forma de consuelo y gratificación. También es necesario evitar el aumento de la culpabilidad en relación con la masturbación. Hay que explicar a los padres el error frecuente de considerar la masturbación como peligrosa o causa de trastornos mentales. Si el niño se preocupa acerca de ello, hay que decirle que muchos niños se masturban más o menos, y que ello no es peligroso.
Los ejercicios y los juegos interesantes que ocuparán al niño lo alejarán de la actividad masturbadora. Los médicos en todos los casos han de decir a los padres que sus inquietudes acerca de la masturbación serán más perju­diciales para los niños, que acal implicaciones sociales sí deben acl mal considerada por la sociedad.

RIVALIDAD DE HERMANOS
La rivalidad de hermanos es normal y frecuente en familias; generalmente un niño pasa a ser la víctima propiciatoria, mientras que otro se cataloga de “instigador”. Invariablemente los papeles se invierten en las actitudes de los padres, que son incapaces de darse cuenta de que inconscientemente desencadenan la discriminación. Puede ser difícil explicar esta idea a los padres, porque se ponen en plan defensivo y rechazan considerar realmente lo que está ocurriendo en la casa. Una técnica simple es sugerir que los dos niños afectados tienen necesidad de guía y mejor equilibrio en el orden de je­rarquías.
Cuando existe un rechazo manifiesto para un niño, los hermanos reaccionan con ira porque no tienen la seguridad de que no recibirán el mismo tipo de censura de los padres. Los sermones, las burlas directas y las mofas sutiles de los padres, por el motivo que sea, representan algo muy malo para el muchacho, y el precio que tienen que pagar los padres por ello será grande. Padrastros y madrastras que llevan los niños al campo de la rivalidad entre hermanos han de tener precaución para crear un ambiente que permita el ajuste de dos grupos rivales de niños.

MENTIRAS Y FANTASIAS
Los niños pequeños, generalmente entre los tres y los seis años de edad, explican historias acerca de lo que les ocurre que ponen a prueba la paciencia de sus padres. Estos se alarman cuando estas “mentiras” aparecen regular­mente. En realidad, los niños se liberan de sus inseguridades preparando historias imaginarias y explicándolas a cualquiera que quiera oírlos. Esta es la forma que emplean para neutralizar sus inseguridades y sus miedos. Los miedos de los padres deben disminuirse explicándoles la normalidad de esta conducta y sugiriéndoles que proporcionen al niño la oportunidad de dis­tinguir los cuentos “imaginados” de los hechos “reales” en una serie de situaciones de juego.
Sin embargo, hay que establecer una distinción entre las fantasías que cabe esperar de niños pequeños y la proliferación de fantasías que se usa para compensar todas las acciones. Si un chico es incapaz de adaptarse a la realidad de su vida diaria, entonces la vida de la fantasía debe considerarse suficientemente grande para justificar un tratamiento especializado de la conducta. Los niños mayores mienten como autodefensa, imitando conductas de adultos, para ganar admiración, o para lograr atención. La mentira pato­lógica, que es muy amplia, se manifiesta en producciones verbales muy com­plejas. Generalmente un poco de verdad se trabaja y elabora, dando como resultado un cuento “imposible”.

BERRINCHES Y CRISIS DE MAL HUMOR
Los berrinches suelen presentarse del primero al cuarto años de la vida; se caracterizan porque el niño se tira al suelo, da patadas, llora y retiene la respiración (retener la respiración puede ser tan prolongado que provoque pérdida del conocimiento, seguida de recuperación espontánea). Hay que dis­tinguir este trastorno de enfermedades orgánicas como las convulsivas. Los berrinches suelen ser desencadenados por frustración cuando el niño no logra una cosa que desea, puede basarse en celos de los hermanos, o antagonismo entre el niño y padre o madre.
El tratamiento inmediato consiste en colocarlo en una zona segura y dejarlo solo unos cuantos minutos. El castigo aumenta el antagonismo del niño.
Cuando hay aislamiento no son frecuentes las pataletas. Se combinan con otros matices psicológicos, por ejemplo miedo extremo, o evitar la comida, y deben tratarse en consecuencia.
Cuando las crisis de mal humor son muy intensas y prolongadas, está indicada la terapéutica de juego para brindar un escape neutro a las frustra­ciones internas y la hostilidad.

LOS MALOS COMPAÑEROS
Los padres deleitan a los médicos con la “bondad” de sus hijos, y el hecho de que causan trastorno en la casa, escuela, y comunidad es porque tienen “malos compañeros”. Por desgracia, los niños agitados buscan amigos inquie­tos. Tienen necesidad de apoyarse en ellos y de reunirse con los otros para explicarles sus dificultades, aunque los tipos básicos de personalidad de cada uno de los malos compañeros pueden ser diferentes. Los médicos pueden ayudar sugiriendo actividades que producirán una diferencia de amigos, sin recurrir a la condena de los existentes.

LUGAR EN LA ESCUELA
La falta de madurez para lograr un buen lugar en la escuela puede crear dificultades y conductas anormales en los niños. Las esperanzas de los padres y maestros para que el niño haga lo que no puede hacer por falta de madurez crean problemas psicológicos que pueden modificar el resultado del trabajo en la escuela en años posteriores. Los médicos pueden ser muy útiles, indicando a los padres que la pérdida inicial de un año retrasando el paso del niño del kindergarten al primer año, o la persistencia de un año en un grado posterior, puede ayudar al niño a tener mejores resultados más tarde.

DIVORCIO
Un hogar roto por divorcio crea dificultades psicológicas en un niño, por diversos motivos. El tiempo pasado con cada progenitor no se equilibra. La lealtad al progenitor con el el cual vive el niño se intensifica. A veces el niño considera que él es la causa de la desintegración del hogar. Se da importancia excesiva a cosas materiales por el padre o la madre que viven lejos del niño. El tiempo pasado por el niño con el progenitor que vive en la casa acaba trasformándose en una tarea doméstica, que origina discusiones y hostilidad entre dicho progenitor y el niño. El progenitor ausente intenta establecer reglas para complacer al niño sin estar con él para ayudarlo. El divorcio no tiene que ser más destructivo para el niño que el casamiento sin felicidad. El niño puede ser aliviado de la sensación de culpa por el médico. Los miedos pueden suprimirse sugiriendo que el fracaso del matrimonio solo demuestra que los adultos pueden equivocarse en las cosas, igual que los niños.


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