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El preescolar, esto es, el niño con edad comprendida de los dos a los seis años de vida extrauterina, crece en medio de una gran ampliación del número de personas con las que interactúa; se caracteriza por tener una velocidad de crecimiento menor que la del lactante y por un gran desarrollo en todos los aspectos, que poco a poco la capacidad (le da el aprestamiento) para afrontar la vida como escolar.

 

Crecimiento

 

En relación con la demás etapas de la vida extrauterina, el crecimiento del niño preescolar se da en forma desacelerada.

 El análisis del crecimiento del niño preescolar se hará en relación con sus variaciones de peso, talla, perímetro cefálico, frecuencia respiratoria, frecuencia cardíaca, presión arterial, agudeza visual, senos paranasales y dentición.

 

Peso

El niño preescolar aumenta de peso aproximadamente dos kilogramos cada año.

 

Talla

 

El crecimiento en talla en el niño preescolar es desacelerado en relación con el de la época de lactante.  Además, a los dos y medio años de edad se tiene aproximadamente la mitad de la talla que se tendrá en la vida adulta.

 El crecimiento de la columna vertebral uno de los factores fundamentales del aumento de la talla, que es en promedio de cinco a seis centímetros

por año, hace que aproximadamente a los cuatro años desaparezca la  lordosis (curvatura hacia delante de la columna vertebral) de la región  lumbar y la prominencia abdominal, que normalmente presenta el niño desde que nace hasta estaedad.  Igualmente, desaparecen las almohadillas de las plantas de los pies, con lo cual se hacen visibles los arcos plantares (puentes en los pies).

 

Peso y talla en niños de dos a seis años

 

Edad (años)

Peso (kg)

Aumento (kg)

Talla (cm)

Aumento (cm)

2

12,3 ± 2

0,0

85,6 ± 6

0,0

2,5

13,5 ± 3

1,1

90,4 ± 6

4,8

3

14,6 ± 3

1,1

94,9 ± 7

4,5

3,5

15,7 ± 3

1,0

99,1 ± 8

4,2

4

16,7 ± 3

1,0

102,9 ± 8

3,8

4,5

17,7 ± 4

1,0

106,6 ± 8

3,7

5

18,7 ± 4

1,0

109,9 ± 9

3,3

5,5

19,7 ± 4

1,0

113,1 ± 9

3,2

6

20,7 ± 5

1,0

116,1 ± 9

3,0

Fuente: National Center for Health Statistics (NCHS)

 

 

Peso y talla en niñas de dos a seis años

 

Edad (años)

Peso (kg)

Aumento (kg)

Talla (cm)

Aumento (cm)

2

11,8 ± 2

0,0

84,4 ± 6

0,0

2,5

13,0 ± 3

1,2

89,5 ± 6

5,1

3

14,1 ± 3

1,1

94,0 ± 7

4,5

3,5

15,1 ± 3

1,0

97,9 ± 7

3,9

4

16,0 ± 3

0,9

101,6 ± 8

3,7

4,5

16,8 ± 4

0,8

105,0 ± 8

3,4

5

17,7 ± 4

0,9

108,4 ± 8

3,4

5,5

18,6 ± 4

0,9

111,6 ± 9

3,2

6

19,5 ± 4

0,9

114,6 ± 9

3,0

Fuente: National Center for Health Statistics (NCHS)

 

 

 

Perímetro cefálico

 

A los tres años de vida extrauterina el cerebro humano ya ha alcanzado el 75% de su crecimiento; a los seis años, el 90%; en consecuencia, el perímetro cefálico tiene un crecimiento lento de los dos a los cinco años, período en el que aumenta dos centímetros.

 

Frecuencia cardíaca

 

La frecuencia cardíaca en el preescolar es más rápida que en las etapas posteriores del ciclo vital humano: 105 ± 35 pulsaciones por minuto.

 

Presión arterial

 

Los niños de tres a seis años tienen aproximadamente una presión arterial sistólica de 120 mm Hg y una presión arterial diastólica de 70 mm Hg. 

 

Agudeza visual

 

La agudeza visual a los tres años es 20/30, a los cuatro años es 20/25 y a los cinco años es 20/20, que es también la del adulto normal.

 

Senos paranasales

 

De los dos a los cuatro años de edad empieza la neumatización de los senos frontales, la cual se completa de los cinco a los nueve años.  A los tres años ya es visible el seno esfenoidal.

 

Dentición

 

En el niño preescolar no suele hacer erupción dentaria; al comienzo de esta edad (dos años y medio) ya han hecho erupción todos los dientes de la dentadura decidua; en el resto del período el rostro crece proporcionalmente más que la cavidad craneana, y la mandíbula se ensancha, como preparación para la salida de la dentadura permanente, lo cual sucede en la edad escolar, aunque ocasionalmente al final de la edad preescolar también puede empezar este proceso.

 

Desarrollo

 

El desarrollo del niño de los dos a los seis años de edad se caracteriza por la adquisición de mayores habilidades corporales, el paso de un egocentrismo total de una forma práctica de actuar, la adquisición del control de los esfínteres y la distinción de género, la consolidación de su autonomía y el desarrollo de una gran iniciativa para hacer las cosas, lo que significa un avance significativo en la construcción de la creatividad.

 

Es una época con la que se da una lucha entre la obtención de independencia y autonomía y la demanda de atención y cuidado por parte de los adultos.  Se caracteriza por grandes adquisiciones en el lenguaje y en la socialización.

 

A continuación se presentarán los hechos más importantes en relación con el desarrollo desde el punto de vista psicomotor, cognoscitivo, psicosexual y psicosocial.

 

Desarrollo psicomotor

 

El desarrollo psicomotor en el niño preescolar sigue el mismo patrón que en el niño lactante.  Esta etapa se caracteriza por el perfeccionamiento de los movimientos gruesos y finos que le permiten al niño controlar mejor su cuerpo.

 

Conducta motriz

 

El desarrollo neurológico del niño preescolar no es tan acelerado como en el lactante y es menor que el crecimiento físico, pero le permite desarrollar habilidades para controlar la postura y valerse por sí mismo.

 

De veinticinco a treinta meses de edad, el niño puede levantarse sin apoyar sus manos y es capaz de patear una pelota.  De los 31 a los 36 meses, corre, trepa y salta; camina hacia atrás, en la punta los pies y en los talones con balanceo rítmico de sus brazos y al saltar logra alternar sus pies.  Sin apoyo, es capaz de subir escaleras alternando los pies y salta dos escalones.

 

De los 37 a los 48 meses de edad, el niño puede bajar escaleras alternando los pies, maneja triciclo y es capaz de pararse en un pie.  De los 49 meses a los cinco años de edad, salta en línea recta tres o más pasos con un pie; lleva el ritmo de la música; hace rebotar y agarra la pelota, la cual puede lanzar con la mano por encima de la cabeza.

 

En la última parte de la edad preescolar (el quinto año de vida), el niño es capaz de saltar la cuerda, caminar en zancos, saltar de sitios altos como una mesa y jugar golosa (rayuela).

 

Conductas adaptativa

 

Con el perfeccionamiento progresivo de la pinza digital el niño manipula objetos, con lo cual logra la comprensión de conceptos básicos sobre la relación entre los objetos, por ejemplo, adentro-afuera, arriba-abajo, etc.

 

De veinticinco a treinta meses de edad, el niño es capaz de construir torres de ocho o más cubos, ensartar cuentas, usar el lápiz para imitar la T, la V y la H, manejar la cuchara y abrir puertas.

 

De los 31 a los 36 meses, el desarrollo de la pinza le permite realizar, con una mano, en forma secuencial, movimientos de aposición y oposición, por lo cual es capaz de seleccionar objetos grandes y pequeños e iniciar el dibujo de la figura humana como cefalópodo (dibujo cabeza y pies), así como lanzar y agarrar la pelota.

 

De los 37 a los 48 meses, gracias al desarrollo de la pinza digital, puede abotonarse; cortar papel con tijeras; verter líquidos, aunque derrama un poco; imitar una cruz; copiar un círculo, y luego un cuadrado.  Puede construir torres de diez cubos y puentes de tres y pintar la figura humana con cuello y tronco.

 

De los 49 a los 60 meses ya es capaz de hacer aposición y oposición secuencial con ambas manos; puede contar en los dedos de la mano, amarrarse los zapatos y modelar con plastilina.  Agrupa por color y forma; construye figuras complicadas con cubos.  Distingue arriba-abajo-atrás.  Dibuja la figura humana muy completa y nombra cinco o más colores. 

 

Del quinto al sexto año, la pinza, ya muy perfeccionada, le permite al niño hacer cosas complejas como manejar un martillo; construir escaleras de diez cubos, imitar un triángulo, recoger monedas y dibujar cosas.

 

Distingue derecha de izquierda, aunque sin claridad en el concepto, e identifica variaciones de peso.

 

Conducta de lenguaje

 

El desarrollo del lenguaje en la edad preescolar, como en todas las etapas, tiene gran influencia de la cantidad y calidad del lenguaje utilizado en el hogar, además de la de los medios masivos de comunicación social, en especial la televisión.

 

De los veinticinco a los treinta meses generalmente, el niño dice su nombre y su edad, así como el nombre de su mamá y su papá.  Tiene un vocabulario de mínimo cincuenta palabras; usa yo, mí y tú (o vos); usa el plural; reconoce cinco o más dibujos y comprende órdenes sencillas.

 

De los 31 a los 36 meses, utiliza oraciones completas de tres palabras (sujeto, verbo y complemento), conoce su nombre completo y se refiere a sí mismo con el pronombre yo,

 

De los 37 a los 48 meses perfecciona el uso de oraciones, responde preguntas simples, relata sus experiencias, cuenta hasta tres y describe bien un dibujo.

 

De los 49 a los 60 meses es parlanchín y preguntón, conoce y repite canciones, usa conjunciones, distingue los colores y cuenta hasta cuatro.

 

De los cinco a los seis años, ya su voy no es monótona y habla sin articulación infantil.  El lenguaje ya tiene una función social, como por ejemplo en la representación de papeles.  Usa oraciones de diez o más palabras y cuenta hasta diez.

 

 

Conducta personal social

 

La conducta personal social en la edad preescolar tiene la influencia notoria de los miembros de la familia y de otros niños y adultos tales como los compañeros del jardín infantil y los jardineros.

 

De los veinticinco a los treinta meses, el niño hace la diferencia masculino-femenino, grande-pequeño y alto-bajo; señala partes del cuerpo del examinador; obedece varias órdenes sencillas relacionadas entre sí; juega con muñecas; pide la bacinilla, y muestra un gran gusto por los libros con dibujos.

 

De los 31 a los 36 meses define objetos por su uso, se lava solo las manos y la cara, ayuda a desvestirse y coge bien la cuchara.

 

De los 37 a los 48 meses tiene un amigo especial; cuenta historias; como con cuchara; en los juegos y pasatiempos es capaz de esperar su turno; comparte juegos y juguetes y coopera en juegos colectivos.

 

De los 49 meses hasta el quinto año de edad lograr vestirse y desvestirse sin ayuda; va al baño solo; se seca la cara; representa papeles de adultos y organiza juegos.

 

De los cinco a los seis años generalmente puede nombrar los días de la semana.  Es independiente y seguro de sí mismo, manifiesta sus opiniones y comenta su vida familiar. Conoce el nombre de su barrio y el de su municipio y hace mandados.  Obedece reglas; ayuda en la casa; pregunta el significado de las palabras y tiene gusto por el canto, la declamación y el baile.  En esta época, el juego asociativo remplaza el juego paralelo.

Desarrollo cognoscitivo

 

El desarrollo cognoscitivo del niño preescolar consiste en el paso del pensamiento prelógico adquirido en los dos primeros años al pensamiento lógico de la edad escolar.  El pensamiento prelógico se caracteriza, entre otras cosas, por la concentración en un solo aspecto de un problema y por la irreversibilidad (imposibilidad de regresar al punto de partida de una operación).

 

De los dos a los cuatros años de edad el niño discurre por un período de transición entre la autosatisfacción propia del lactante y la conducta socializada rudimentaria propia del final de la edad preescolar.  Es una etapa de investigación permanente que se llama preconceptual.

 

De los cuatro a los siete años el niño está en una fase del desarrollo cognoscitivo en la que ya el pensamiento se expresa por el lenguaje y no por el aparato motor, como en la época de lactante.  Esta etapa, que es también de investigación permanente, se llama de pensamiento intuitivo.

 

Las etapas preconceptual y de pensamiento intuitivo, que van de los dos a los seis o siete años de edad, constituyen la etapa de pensamiento preoperacional del desarrollo cognoscitivo.

 

 

Fase preconceptual

 

Al principio de la edad preescolar la inteligencia sensoriomotriz se transforma en pensamiento propiamente dicho por la influencia del lenguaje y la socialización.  El niño pasa de una conducta de autosatisfacción a una de socialización rudimentaria; su pensamiento es egocéntrico (dirigido hacia sí mismo y su juego, que también es egocéntrico, ocupa la mayoría de las horas de vigilia.  Imita como percibe, no con exactitud.  Utiliza el lenguaje para expresar su propia experiencia.  Establece un vínculo entre el pensamiento y la palabra.  Para él, un hecho seguido de otro tiene una relación causal; aparece el animismo, atribución de vida y conciencia a objetos inanimados.

 

De los 31 a los 36 meses el niño investiga permanentemente el ambiente y sus posibles actividades en él.  El juego, que ya es simbólico, le permite consolidar y ampliar sus adquisiciones anteriores, lo utiliza con el cómo y el por qué y como instrumento primario de adaptación que lo pone en contacto con los hechos y las situaciones de la vida cotidiana.

 

Con la adquisición de una fonación adecuada, amplía el lenguaje para expresar  su propia experiencia, la que generaliza, pues supone que todos piensan como él.  El contenido de su pensamiento es fundamentalmente preconceptual y todavía egocéntrico.

 

A partir del tercer año de edad, el niño juzga los hechos por su apariencia externa, no por una lógica objetiva, sino por juicios subjetivos y es incapaz de diferenciar sus propios actos y los del objeto.  La causalidad está relacionada con la contigüidad en tiempo y espacio.  Afirma, no demuestra.  Percibe el aspecto cualitativo o cuantitativo de las cosas, no ambos a la vez.  Su pensamiento es irreversible.

 

Se identifica con la persona que ha elegido como modelo, a quien obedece y respeta; basado en los valores y su conciencia.  Centra su juego en sus propias actividades y entiende el ganar como completar exitosamente el juego, por lo cual no es extraño que varios niños ganen al mismo tiempo.

 

Fases de pensamiento intuitivo

 

A los cuatro años generalmente se reduce la egocentricidad y se aumenta la participación social.  El niño verbaliza sobre un hecho y su proyección al futuro, piensa en voz alta.  Imita a otros con el fin de incorporar sus valores o el estatus representado por ellos.

 

En esta etapa el juego adquiere un carácter más social, las reglas se convierten en una necesidad.  No existen límites claros entre el juego y el trabajo.  El código moral continúa siendo la obediencia a los adultos significativos; ser bueno significa ser obediente.  El niño puede pensar una idea a la vez y se preocupa por las partes, no por el todo.

 

A los cinco años, el niño, basado en su experiencia personal, generaliza los símbolos con imágenes más amplias.  Según las apariencias exteriores y los resultados, juzga sus experiencias. No posee indicadores internos; se basa más en el resultado final y salta de la premisa a la conclusión.  Da poder de hecho a las palabras y supone que todos piensan como él.

 

Según Piaget, el niño hace una generalización inmediata e ilegítima; es decir, hace la evaluación en términos absolutos, sin concepto de relatividad (por ejemplo, hay un mejor y un peor, sin lugar para puntos intermedios).  Por otra parte, en esta etapa el juego y las fantasías representan las reglas y los valores de los adultos.

 

De los seis a los siete años suele terminar la fase preoperacional y empezar la fase de operaciones concretas.  El niño ya puede contar, aunque no tenga el concepto de número.  Primero actúa y después piensa.  Emplea un lenguaje cada vez más apropiado, aún sin entender completamente el significado; por ejemplo, distingue el brazo derecho del izquierdo, pero no tiene claro el concepto de derecha e izquierda.

 

Al final de la etapa preoperacional, el niño adquiere conciencia de la presencia de dos cualidades simultáneas en un objeto, pero no de las relaciones de dos objetos o ideas.  Su lenguaje es un monólogo colectivo similar al juego paralelo.

 

Su concepto de justicia es inmanente (espera el castigo como consecuencia natural a la transgresión de las reglas de los adultos), aunque el respeto por los adultos va cediendo en la medida en que observa transgresión e incongruencias en las reglas.

 

La etapa preoperacional, que la inicia el niño a los dos años con las primeras representaciones mentales, termina con una mayor coherencia en la organización de las acciones y en su interacción con la realidad.

 

Desarrollo psicosexual

 

Durante su tercer año de vida el niño preescolar aún está en la etapa anal uretral muscular de su desarrollo psicosexual, de los tres a los seis años, discurre por la etapa que en la terminología psicoanalítica clásica se denomina fálica y que en la reformulación eriksoniana se llama genital locomotriz.  Las tareas del niño en esta etapa son lograr la consolidación del núcleo básico de su identidad sexual, aceptar las diferencias de género y lograr en plena forma un yo y un superyó.

 

Etapa genital locomotriz

 

En esta etapa, el interés del niño se centra en la zona genital, cuya manipulación adquiere el significado de placer emocional, con aparición de la masturbación infantil secundaria (erecciones ligadas con la micción y defecación, cuya tensión pide aplacamiento); es pues la época del descubrimiento de los genitales (plena conciencia de ellos).

 

Durante este período, aparecen las preguntas sobre las diferencias entre niño y niña, para adquirir reconocimiento del género al que se pertenece.  La niña se hace consciente de la falta del pene, manifestando inicialmente negación, después celos y luego curiosidad que la lleva a mirarlo y juguetear con él.  En este proceso, en ambos géneros se da la angustia de castración (temor de perder el pene en el niño y sensación de haberlo perdido en la niña).

 

En esta etapa, los niños, gracias a la motivación por el uso de las cosas, poseen la clave para la solución de muchos problemas; las ganas de hacer como los mayores, engendra la ambición, dando la base afectiva para la valoración creciente del saber.  Aparece la pregunta para qué ante todo lo que les interesa; en el área sexual se pregunta sobre la función del padre en la concepción.

 

El hecho fundamental de esta etapa del desarrollo es la resolución del complejo de Edipo.  El niño varón entra en lucha emocional con su padre, juega a matarlo y trata de acaparar la ternura de su madre.  Se dice a sí mismo que su padre está celoso.  La niña se enamora del padre, es afectuosa, seductora y celosa con él.

 

El complejo de Edipo, que se puede entender como la lucha que el niño entabla con el progenitor del mismo género para conseguir la atención del otro progenitor, se resuelve generalmente al final de la etapa, por abandono de la rivalidad con el progenitor del mismo género e identificación con él, con adopción de sus cualidades y actitudes, incluyendo su comportamiento sexual.  La carga libidinal que ha estado dirigida hacia el progenitor de género diferente es sublimada y contribuye al logro de objetivos sociales y de aprendizaje.

 

La resolución de este complejo, consistente en que por medio de la identificación se pase del apego inmaduro oral hacia la madre al apago más maduro hacia el progenitor del mismo género, es necesaria para una adecuada estructuración de la personalidad.  Identificados con el progenitor de su mismo género, los niños y las niñas desarrollan cualidades culturales de hombre o de mujer, según el caso.

 

Desarrollo psicosocial

 

Desde el punto de vista psicosocial, hasta los tres años de edad el niño preescolar está todavía en la etapa de autonomía versus vergüenza y duda; de los tres hasta los seis años, discurre por la etapa de iniciativa versus culpa, en la que fundamentalmente se preguntan ¿qué he venido a hacer aquí?.

 

Fase de iniciativa versus culpa

 

Va paralela con la etapa genital locomotriz del desarrollo psicosexual; en esta fase el niño debe desarrollar la iniciativa, es decir, la posibilidad del hacer y buscar cosas.

 

La iniciativa es una parte necesaria de todo acto humano; el medio social incita al niño a desarrollar actividades y alcanzar fines, le pide que asuma responsabilidades con personas, animales, objetos y consigo mismo, es decir, que sea capaz de dominar tareas específicas según el género.

 

El niño preescolar, que ya domina bastante bien su cuerpo tiene y tiene un rico lenguaje, no se limita y puede emprender por sí mismo diversas y numerosas actividades motrices (correr, patinar, montar en bicicleta, etc.), e intelectuales (preguntar, crear, etc.),  lo que le permite desarrollar su iniciativa sin dejarse abatir por el fracaso.

 

Durante esta etapa, la iniciativa agrega a la autonomía la cualidad del ataque, el planteamiento y la empresa, lo que implica mayor actividad y movimiento e incluye sentimientos de incomodidad y duda.

 

La conducta confiadamente autónoma del niño en esta etapa, que le permite tomar la iniciativa, al mismo tiempo le crea incomodidad y culpa frente a la misma conducta en los demás, culpa que es dominada fundamentalmente por el juego, el cual adquiere dos formas; la del juego solitario, para soñar despierto en sus conflictos y en sus respectivas soluciones, y la del juego en compañía con otros niños, para jugar y solucionar juntos sus crisis individuales y mutuas.

 

El niño siente placer en el ataque y la conquista (buscar el propio beneficio); en el varón, el acento está puesto en el modo fálico-intrusivo (actividades motrices intensas con penetración del espacio y curiosidad por explorar todo lo desconocido), para expresar las modalidades (adquisiciones) sociales de hacer y buscar.

 

La iniciativa trae apareada la rivalidad con los que han llegado primero.  El niño pasa de estar ligado estrechamente con los padres, a convertirse en un progenitor, en un portador de tradición.  Es la época de la relación edípica con los padres (complejo de Edipo) y en la que se incorpora al propio superyó el de sus padres y las tradiciones culturales de la sociedad.

 

En esta fase, la relación fundamental es con la familia básica, pero es necesario que existan otras personas significativas para el niño fuera del ámbito familiar, para experimentar distintas alternativas de conducta.  Con su mayor capacidad de indagación, el niño paulatinamente ingresa a un círculo social más amplio.

 

Hacia el final de la edad preescolar, el niño y la niña están muy dispuestos a aprender rápida y ávidamente, a compartir la actividad y la obligación.  Se determina la dirección hacia lo posible y lo tangible, lo que permite que sus sueños anteriores se vinculen con las metas de una vida adulta activa.  Como dice Erikson, el futuro adquiere una mayor importancia, en contraposición con el pasado; el futuro absuelve el pasado.

 

Entonces las instituciones sociales ofrecen modelos (prototipos) ideales para reemplazar los héroes de los libros ilustrados y los cuentos de hadas.  Según Erikson, es como si el niño dijera: soy lo que puedo imaginar que seré.

 

La virtud básica (realización) alcanzada en esta fase es la finalidad (propósito) de la vida, la cual se logra si al niño se le permite desarrollar la iniciativa en todos los aspectos; si por el contrario, al niño se le limita en sus juegos o en la expresión de su inagotable fantasía y no se le responde a su inmensa curiosidad, podría desarrollarse un sentimiento de culpa e inadecuación.

 

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Autores:

Miriam Bastidas Acevedo

Álvaro Posada Díaz

Humberto Ramírez Gómez