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¿Que es la quinta enfermedad (Eritema infeccioso)?
Especialmente frecuente en niños de entre cinco y 15 años, el eritema infeccioso cursa inicialmente con una erupción cutánea roja característica en la cara que hace que parezca que al niño le han dado una bofetada en la cara. Luego la erupción se extiende por el tronco, los brazos y las piernas. Por mucho que pueda imponer su nombre, el eritema infeccioso solo es una afección de origen vírico de la que la mayoría de los niños se recuperan rápidamente y sin complicaciones.

El eritema infeccioso (también denominado "quinta enfermedad". La quinta enfermedad fue nombrada así porque ocupaba el quinto lugar entre varias enfermedades que comúnmente provocaban sarpullidos en los niños antes de la era moderna de las vacunas. Otras cuatro enfermedades que vale la pena mencionar son el sarampión, la varicela (viruela boba), el sarampión alemán (sarampión de 3 días, rubéola) y la roséola. Es posible que también escuche que la quinta enfermedad se llama "enfermedad de la mejilla abofeteada" o "enfermedad de la cara" por el sarpullido que es posible que aparezca en la cara. El nombre médico para la quinta enfermedad es eritema infeccioso.o en términos populares "la enfermedad de la bofetada") está provocado por el parvovirus B19. El parvovirus B19 es un virus exclusivamente humano, que no es el mismo que preocupa a los veterinarios y que pueden contraer los animales domésticos, sobre todo los perros. Por lo tanto, no se puede contagiar de los humanos a los animales o viceversa.


Etiología. El parvovirus B19 (B19) fue descubierto casualmente en 1974 por Cossart cuando realizaba ensayos de virus de la hepatitis B en sueros de donantes sanos. Su nombre se debe a la muestra de suero (19 del panel B) que resultó positiva por contrainmunoelectroforesis y negativa por otras técnicas. La observación del precipitado mediante microscopía electrónica reveló la presencia de unas partículas víricas de 23 nm. En 1981, Pattison lo asoció porprimera vez a una enfermedad concreta, la crisis de anemia aplásica transitoria (CAT), al encontrar antígeno B19 o anticuerpos IgM en sueros de pacientes con anemia de células falciformes. En 1985, y tras realizar la inoculación experimental del virus en voluntarios sanos, Anderson demostró que es el agente etiológico del eritema infeccioso (EI), megaloeritema
epidémico o “quinta enfermedad”.
El parvovirus B 19 (B19) es un miembro del género Erythrovirus, de la familia Parvoviridae. Los parvovirus son virus ADN pequeños que infectan varias especies animales. Como grupo, estos virus comprenden un número de patógenos animales importantes, entre ellos parvovirus caninos y el virus de la panleucopenia felina. Descubierto en 1975, el B19 es el único parvovirus patógeno en el ser humano. No infecta a animales y los de los animales no infectan a los seres humanos.

El B 19 se compone de una cápside proteica icosaédrica sin envoltura, que contiene ADN monocatenario de alrededor de 5,5 kb de longitud. Este virus se muestra relativamente resistente al calor y los disolventes. Es antigénicamente distinto de otros parvovirus de mamíferos y  existe un solo serotipo conocido. Los parvovirus se multiplican en células con mitosis activas. El B 19 sólo se puede propagar en células eritropoyéticas estimuladas con eritropoyetina derivadas de médula ósea humana, en sangre del cordón umbilical o en cultivo primario de hígado fetal. 

MANIFESTACIONES CLÍNICAS:

ERITEMA INFECCIOSO (QUINTA ENFERMEDAD).
 La rnanifestación más frecuente de la infección por el parvovirus B 19 es el eritema infeccioso, también conocido como quinta enfermedad, un proceso exantemático de la infancia benigno y autolimitado. Ocupa el quinto puesto en una clasificación de los exantemas infantiles, precedida por los exantemas del sarampión, la escarlatina, la rubéola y la enfermedad de Fílatov-Dukes (una escarlartina atípica), y seguida por el exantema súbito como «sexta enfermedad».


¿Cómo se diagnostica la quinta enfermedad?
Su médico puede, por lo general, determinar si usted tiene la quinta enfermedad examinando el patrón del sarpullido. También se puede utilizar un análisis de sangre para detectar el anticuerpo contra el parvovirus. Un anticuerpo es un tipo de proteína que el cuerpo produce como respuesta a las infecciones. Aunque el análisis de sangre, por lo general, no es necesario, es posible que su médico desee hacerlo si usted tiene otras afecciones que podrían ponerlo en un riesgo mayor de tener complicaciones por la quinta enfermedad.


El período de incubación del eritema infeccioso es de 4-28 días (media 16-17 días). La fase prodrómica es leve y consiste en febrícula, cefalea y síntomas de infección leve del tracto respiratorio superior. El dato característico del eritema infeccioso es el exantema típico, que cursa en tres fases, aunque no siempre se pueden distinguir. La fase inicial se caracteriza por enrojecimiento facial eritematoso, con frecuencia descrito como un aspecto de «mejillas abofeteadas». El exantema se extiende con rapidez o de forma simultánea al tronco y las extremidades proximales como un eritema macular difuso en la segunda fase. El aclaramiento central de las lesiones maculares ocurre pronto y da al exantema un aspecto reticulado, de encaje. Se respetan las palmas y las plantas y tiende a ser más prominente en las superficies de extensión. Los niños afectados permanecen sin fiebre y no tienen aspecto de enfermos. Los niños mayores y los adultos se quejan con frecuencia de prurito (picazon) leve. El exantema se resuelve de forma espontánea, sin descamación, pero tiende a desaparecer y reaparecer durante 1-3 semanas. Puede recurrir con la exposición a la luz solar, el calor, el ejercicio y el estrés. También se describen adenopatías y exantemas vesiculares, purpúricos o papulares atípicos.

En la actualidad, el espectro de cuadros clínicos en los que se implica al B19 se ha ampliado, e incluye: producción de abortos o hidropesía fetal no inmune, artritis, anemia crónica en inmunodeprimidos, eritroblastopenia transitoria de la infancia, púrpura vascular, púrpura trombocitopénica, hemofagocitosis, encefalitis, miocarditis, costocondritis, linfadenitis
mesentérica, gastroenteritis aguda, pseudoapendicitis, vasculitis aguda, poliarteritis nudosa, queratolisis exfoliativa, bronquitis, bronquiolitis, laringitis, síndrome de distrés respiratorio y otros.
La frecuencia de infección por el parvovirus B 19 en la población pediátrica general no se apreció totalmente hasta 1983, cuando Ande cols. identificaron el virus B 19 como causa del eritema infeccioso o  quinta enfermedad, un exantema infantil clásico bien conocido.


ARTROPATIA. La artritis y la artralgia aparecen como una complicación de la quinta enfermedad, o como la única manifestación clínica de la infección por B19. Los síntomas articulares son mucho más frecuentes en adultos y adolescentes mayores. Afecta a las mujeres con más frecuencia que a los varones. En una epidemia de quinta enfermedad comunicaron síntomas articulares el 60% de los adultos y el 80% de las mujeres adultas. Los síntomas articulares oscilaron desde artralgias difusas con rigidez matinal hasta la artritis franca. Las articulaciones afectadas con más frecuencia son las manos, las muñecas, las rodillas y los tobillos, pero se ha descrito afectación de casi todas ellas. Los síntomas articulares tienen un carácter autolimitado y, en la mayoría de los pacientes, se resuelven antes de 2-4 semanas. Algunos enfermos pueden exhibir un curso prolongado, de muchos meses, lo que sugiere una artritis reumatoide. En algunos de ellos se ha descrito positividad transitoria del factor reumatoide, pero sin destrucción articular.

CRISIS APLÁSICA TRANSITORIA. El período de incubación de las crisis aplásicas transitorias es más corto que el del eritema infeccioso, ya que ocurre al mismo tiempo que la viremia. La parada transitoria de la eritropoyesis y la reticulocitopenia absoluta por la infección por B 19 conduce a un descenso súbito de la hemoglobina en los individuos con enfermedades hemolíticas crónicas. Las crisis aplásicas inducidas por el B19 ocurren en pacientes con todos los tipos de hemólisis crónica, entre ellos enfermedad drepanocítica, talasemia, esferocitosis hereditaria y deficiencia de piruvato cinasa. En contraste con los niños diagnosticados de eritema infeccioso, estos pacientes aparecen enfermos, con fiebre, afectación del estado general y letargo, y exhiben signos y síntomas de anemia profunda, como palidez, taquicardia y taquipnea. Rara vez existe exantema. Los niños con hemoglobinopatía drepanocítica también pueden presentar crisis dolorosas simultáneas por oclusión vascular.

INFECCIóN FETAL. La infección materna primaria se asocia con anasarca fetal no inmune y muerte fetal intrauterina; el riesgo de pérdida del feto después de la infección se estima en <5%. El mecanismo de la enfermedad fetal parece ser una aplasia de células rojas inducida por el virus, en un período durante el que la fracción eritroide fetal se está expandiendo con rapidez. Esta situación puede provocar anemia profunda, insuficiencia cardíaca con gasto alto y anasarca. Se ha detectado ADN vírico en abortos infectados. El segundo trimestre parece ser el período más sensible, pero se comunican pérdidas fetales en todas las fases de la gestación. La mayoría de los lactantes infectados intraútero nacen a término con normalidad, incluso algunos de los que muestran signos ecográficos de anasarca (edema o bebé hidrópico). Algunos de esos lactantes exhiben infección posnatal crónica o persistente por B19, pero se desconoce su significado. En unos pocos casos se ha descrito anemia congénita asociada con infección intrauterina por B19, a veces después de la anasarca intrauterina. Este proceso puede imitar otras formas de anemia hipoplásica congénita (p. ej., síndrome de Diamond-Blackfan). La infección fetal por B19 no se ha relacionado con otros defectos congénitos. El B19 sólo es una de las muchas causas de anasarca fetal 

MIOCARDITIS. La infección por B19 se ha asociado con casos de miocarditis en fetos, lactantes, niños y algunos adultos. El diagnóstico se ha basado con frecuencia en la serología sugestiva de infección por B19 simultánea, pero en muchos casos se ha demostrado presencia de ADN de B19 en el tejido cardíaco. Ese hallazgo es comprensible, puesto que se sabe que las células miocárdicas fetales expresan el receptor para el virus (antígeno P). En los pocos casos en los que se comunicó la histología, se describió un infiltrado predominantemente linfocítico. La evolución ha variado desde la recuperación completa hasta la miocardiopatía crónica y la parada cardíaca fetal. Aunque la miocarditis relacionada con el B 19 parece ser poco frecuente, es posible que existan datos suficientes para considerar al B 19 como una causa potencial de miocarditis liqfocítica, sobre todo en lactantes.

OTRAS MANIFESTACIONES CUTÁNEAS. Se han descrito varias erupciones cutáneas atípicas asociadas con la infección por B19. La mayoría de ellas son de naturaleza petequial o purpúrica, y con frecuencia se encuentran signos de vasculitis en los casos en los que se han realizado biopsias. Entre esas manifestaciones, el síndrome papular purpúrico en «guantes y calcetines» (SPPGC) parece bien establecido en la literatura dermatológica como claramente asociado con infección por B19. El SPPGC se caracteriza por fiebre, prurito y edema y eritema dolorosos en las extremidades distales, con una distribución definida en guantes y calcetines, tras lo cual aparecen petequias distales y lesiones orales. El síndrome es autolimitado y se resuelve en cuestión de pocas semanas. En un principio se describió en adultos jóvenes, aunque más tarde se han publicado algunos casos en niños. En los casos relacionados con infección por B19, la erupción se acompaña de pruebas serológicas de infección aguda.

Tratamiento. No existe tratamiento antivírico. Se ha usado con algún éxito inmunoglobulina intravenosa (IGIV) comercializada para tratar los episodios de anemia e insuficiencia de la médula ósea relacionados con el B 19 en niños inmunodeprimidos. La administración de anticuerpos específicos puede facilitar la eliminación del virus; sin embargo, no siempre son necesarios, puesto que la interrupción de la quimioterapia citotóxica suele ser suficiente. Cuando no se considera probable que se produzca mejoría del estado inmunitario, como ocurre en pacientes con SIDA, la administración de IGIV puede proporcionar sólo una remisión temporal y en ocasiones requiere reinfusiones periódicas.

Se han tratado fetos infectados por B19 con anemia y anasarca con transfusiones intrauterinas, sin embargo esta medida conlleva riesgos significativos. Una vez diagnosticada la anasarca fetal, con independencia de la causa sospechada, debe derivarse a la madre a un centro de tratamiento fetal para realizar más evaluaciones, a causa del elevado riesgo de complicaciones serias.

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