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 En este capítulo se analiza el crecimiento y el desarrollo del niño lactante sano. El crecimiento se presenta en relación con sus variaciones de peso, talla, perímetro cefálico, frecuencia respiratoria, frecuencia cardíaca, presión arterial, agudeza visual, senos paranasales y dentición. El análisis del desarrollo se hace en sus aspectos motor cognoscitivo, psicosexual y psicosocial.

E1 lactante, que es el niño desde el nacimiento hasta los dos años de vida extrauterina, presenta un gran aumento de tamaño (crecimiento) y una gran maduración (desarrollo) en todos los campos.

Crecimiento.

El crecimiento en el período de lactancia es menor que el de la vida intrauterina, pero mayor que el de las etapas preescolar y escolar. El crecimiento del lactante será analizado en relación con sus variaciones en peso, talla, perímetro cefálico, frecuencia respiratoria, frecuencia cardíaca, presión arterial, agudeza visual, senos paranasales y dentición.

Peso.

En los primeros días
de vida extrauterina los niños pierden hasta el 10% de su peso

corporal; esto se debe a la adaptación a la nueva vida fuera del útero, para lo cual es necesario eliminar el exceso de líquidos con el que se nace, así como el contenido de los aparatos de excreción. Una vez que se ha logrado esta adaptación (siete a diez días después del nacimiento), se vuelve a tener el peso inicial.

En el primer trimestre, los niños bien alimentados tienen un aumento promedio de 25 a 33 g de peso diariamente, o de un kilogramo cada mes. Luego, la velocidad de aumento de peso es cada vez menor: en el segundo trimestre el aumento promedio es de aproximadamente 600 g por mes, de tal modo que a los cuatro o cinco meses se duplica el peso del nacimiento; en el tercer trimestre el incremento promedio es aproximadamente de 500 g cada mes, lo que hace que a los once o doce meses el peso del nacimiento se triplique; durante el segundo año el incremento promedio es de aproximadamente 200 g cada mes, para llegar a cuadruplicar el peso del nacimiento a los veinticuatro meses de edad. Por lo demás, el peso es generalmente un poco mayor para los niños que para las niñas.

Talla.

En los dos primeros años, el niño tiene el mayor aumento relativo de talla en toda su vida extrauterina; no obstante, este corresponde a un ritmo desacelerado, ya que disminuye en la medida en que mayor sea la edad.

En el primer trimestre de vida extrauterina los niños bien alimentados aumentan en promedio 9 cm; en el segundo, 7; en el tercero, 5 y en el cuarto, 3 ó 4. En el primer trimestre del segundo año los niños suelen aumentar 3,5 cm; en el segundo, 3; en el tercero, 2,5 y en el cuarto, 2; de tal modo que durante el primer año el aumento de talla es de unos 25 cm y en el segundo de 12 cm; así, un niño que nace con 50 cm mide 74 a 75 cm en su primer cumpleaños y de 85 a 86 cm en el segundo.

En los dos primeros años de vida extrauterina, los niños conservan la talla mayor que la de las niñas, diferencia esta con la que casi siempre nacen y que es hasta de 1 cm. El promedio de talla para los niños a los dos años es 85,9 cm y el de las niñas, 84,4 cm.

En las tablas 1 a 4 se pueden observar las cifras de peso y talla, así como su incremento en los lactantes.

Perímetro cefálico.

El perímetro cefálico mide la circunferencia de la cabeza, la cual crece rápidamente en los primeros meses de la vida extrauterina; este crecimiento está en armonía con el del encéfalo, el cual tiene a los seis meses de edad el 50% y a los doce meses el 60% del peso que tiene el del adulto.

Durante el primer trimestre de la vida extrauterina el perímetro cefálico se incrementa en promedio 2 cm por mes; en el segundo trimestre aumenta en promedio 1 cm cada mes, y, en los seis meses siguientes, 0,5 cm promedio por mes. Del primero al segundo cumpleaños, el aumento es de tres centímetros, de tal modo que, a los dos años de edad, un niño que nació con 34 cm de perímetro cefálico, suele tener 49 cm.
 

Tabla 1

Peso y talla en niños de 0-12 meses

Edad (años)

Peso (kg)

Aumento (kg)

Talla (cm)

Aumento (cm)

0

3,3 ± 1

0,0

50,5 ± 4

0,0

1

4,3 ± 1

1,0

54,6 ± 5

3,9

2

5,2 ± 2

0,9

58,1 ± 5

3,5

3

6,0 ± 2

0,8

61,1 ± 5

3,0

4

6,7 ± 2

0,7

63,7 ± 5

2,6

5

7,3 ± 2

0,6

65,9 ± 5

2,2

6

7,8 ± 2

0,5

67,8 ± 5

1,9

7

8,3 ± 2

0,5

69,5 ± 5

1,7

8

8,8 ± 2

0,5

71,0 ± 5

1,5

9

9,2 ± 2

0,4

72,3 ± 5

1,3

10

9,5 ± 2

0,3

73,6 ± 5

1,3

11

9,9 ± 2

0,4

74,9 ± 5

1,3

12

10,2 ± 2

0,3

76,1 ± 5

1,2

Fuente: National Center for Health Statistics (NCHS)

 

Tabla 2

Peso y talla en niños de 0-12 meses

Edad (años)

Peso (kg)

Aumento (kg)

Talla (cm)

Aumento (cm)

0

3,2 ± 1

0,0

49,9 ± 4

0,0

1

4,0 ± 1

0,8

53,5 ± 4

3,6

2

4,7 ± 1

0,7

56,8 ± 4

3,3

3

5,4 ± 1

0,7

59,5 ± 5

2,7

4

6,0 ± 2

0,6

62,0 ± 5

2,5

5

6,7 ± 2

0,7

64,1 ± 5

2,1

6

7,2 ± 2

0,5

65,9 ± 5

1,8

7

7,7 ± 2

0,5

67,6 ± 5

1,7

8

8,2 ± 2

0,5

69,1 ± 5

1,5

9

8,6 ± 2

0,4

70,4 ± 5

1,3

10

8,9 ± 2

0,3

71,8 ± 5

1,4

11

9,2 ± 2

0,3

73,1 ± 5

1,3

12

9,5 ± 2

0,3

74,3 ± 5

1,2

Fuente: National Center for Health Statistics (NCHS)

 

Tabla 3

Peso y talla en niños de 12-24 meses

Edad (años)

Peso (kg)

Aumento (kg)

Talla (cm)

Aumento (cm)

12

10,2 ± 2

0,0

76,1 ± 5

0,0

13

10,4 ± 2

0,2

77,2 ± 5

1,1

14

10,7 ± 2

0,3

78,3 ± 5

1,1

15

10,9 ± 2

0,2

79,4 ± 5

1,1

16

11,1 ± 2

0,2

80,4 ± 5

1,0

17

11,3 ± 2

0,2

81,4 ± 5

1,0

18

11,5 ± 2

0,2

82,4 ± 5

1,0

19

11,7 ± 2

0,2

83,3 ± 6

0,9

20

11,8 ± 2

0,1

84,2 ± 6

0,9

21

12,0 ± 2

0,2

85,1 ± 6

0,9

22

12,2 ± 2

0,2

86,0 ± 6

0,9

23

12,4 ± 2

0,2

86,8 ± 6

0,8

24

12,6 ± 2

0,2

87,6 ± 6

0,8

Fuente: National Center for Health Statistics (NCHS)

Tabla 4

Peso y talla en niños de 12-24 meses

Edad (años)

Peso (kg)

Aumento (kg)

Talla (cm)

Aumento (cm)

12

9,5 ± 2

0,0

74,3 ± 5

0,0

13

9,8 ± 2

0,3

75,5 ± 5

1,2

14

10,0 ± 2

0,2

76,7 ± 5

1,2

15

10,2 ± 2

0,2

77,8 ± 5

1,1

16

10,4 ± 2

0,2

78,9 ± 5

1,1

17

10,6 ± 2

0,2

79,6 ± 5

1,1

18

10,8 ± 2

0,2

80,9 ± 6

1,0

19

11,0 ± 2

0,2

81,9 ± 6

1,0

20

11,2 ± 2

0,2

82,9 ± 6

1,0

21

11,4 ± 2

0,2

83,8 ± 6

0,9

22

11,5 ± 2

0,1

84,7 ± 6

0,9

23

11,7 ± 2

0,2

85,6 ± 6

0,8

24

11,9 ± 2

0,2

86,5 ± 6

0,8

Fuente: National Center for Health Statistics (NCHS)

 

Tabla 5

Perímetro cefálico (PC) en niños de 0-25 meses

Edad (meses)

PC (m)

Aumento (cm)

Edad (meses)

PC (cm)

Aumento (cm)

0

35 ± 2,5

0,0

13

47,3 ± 2

0,3

1

37 ± 2,5

2,0

14

47,6 ± 5

0,3

2

39 ± 2,5

2,0

15

47,9 ± 2

0,3

3

41 ± 2,5

2,0

16

48,1 ± 2

0,2

4

42 ± 2,5

1,0

17

48,3 ± 2

0,2

5

43 ± 2,5

1,0

18

48,5 ± 2

0,2

6

44 ± 2,5

1,0

19

48,7 ± 2

0,2

7

44,5 ± 2,5

0,5

20

48,9 ± 2

0,2

8

45 ± 2,5

0,5

21

49,0 ± 2

0,1

9

45,5 ± 2,5

0,5

22

49,1 ± 2

0,1

10

46 ± 2,5

0,5

23

49,2 ± 2

0,1

11

46,5 ± 2,5

0,5

24

49,3 ± 2

0,1

12

47,0 ± 2,5

0,5

25

49,4 ± 2

0,1

Fuente: National Center for Health Statistics (NCHS)

En la Tablas 5 y 6 se muestran los valores de referencia del crecimiento del perímetro cefálico en niños y niñas lactantes.

Frecuencia respiratoria.

La frecuencia respiratoria presenta variaciones a lo largo del tiempo: inicialmente es mayor, un recien nacido tiene de 40 a 60 respiraciones por minuto y un lactante de 25 a 30 por minuto.

Frecuencia cardíaca.

La frecuencia cardíaca medida por la frecuencia del pulso en una arteria periférica, es inicialmente alta y va disminuyendo con el tiempo, tal como se puede observar en la Tabla 7.

Presión arterial.

La presión arterial es mas baja en el neonato, con ascenso gradual al aumentar la edad. Los valore obtenidos con la medicíón de la presión arterial se comparan con los valores en percentiles  para la edad de acuerdo con las recomendaciones  del National Heart, Lung and Blood Institute (EUA). En las figuras 1 y 2 se pueden ver los valores normales  de presión arterial para niños y ninas desde el nacimiento hasta los trece años de edad.

Agudeza visual.

La agudeza visual en el mometno del nacimiento es la mas baja de toda la vida, con un valor de 5/200, al año de edad es de 20/200 y a los 2 años 20/40.

Senos paranasales.

Los senos paranasales etmoidales anterior y posterior están presentes desde el nacimiento, al igual que el antro mastoideo. El proceso mastoideo no es visible en el nacimiento, pero empieza a crecer durante el primer año y su neumatización, que es lenta e irregular, se completa en la adolescencia.

Dentición.

Los primeros dientes suelen hacer erupción alrededor de los seis meses; en condíciones normales, la erupción de ellos no  debe ser más allá de los dieciocho meses. En la tabla 8 se observa la edad media de erupción de los dientes deciduos en los niños.

Tabla 7

Frecuencia del pulso en reposo en los niños lactantes

Edad

Promedio de latidos por minuto*

Neonatal

140 ± 50

Un mes

130 ± 45

1-6 meses

130 ± 45

6-12 meses

115 ± 40

1-2 años

110 ± 40

*Dos desviaciones estándar

Fuente: Lowry GH, Growth and developmento of children. 6ª ed. Chicago: Year Publisher, 1973.

Tabla 8

Edad media de erupción de la dentadura decidua

Diente

Edad medio de aparición

(rango) en meses

Incisivos centrales inferiores (81 y 71)

6 (4-10)

Incisivos laterales inferiores  (82 y 72)

7 (6-11)

Incisivos centrales superiores (51 y 61)

8 (7-12)

Incisivos laterales superiores (52 y 62)

9 (8-13)

Primeros molares inferiores (84 y 74)

12 (10-15)

Primeros molares superiores (54 y 64)

14 (12-16)

Caninos inferiores (83 y 73)

16 (18-14)

Caninos superiores (85 y 75)

20 (18-22)

Segundos molares inferiores (85 y 75)

20 (18-22)

Segundos molares superiores (55 y 65)

24 (22-26)


Desarrollo

La segunda mitad del siglo XX ha sido definitiva en la comprensión del desarrollo del niño, pues se han aclarado conceptos en relación con su capacidad perceptual, la adquisición de su capacidad de pensar y la formación de los vínculos afectivos, entre otros. A continuación se presentarán los hechos más importantes en relación con el desarrollo desde el punto de vista psicomotor, cognoscitivo, psicosexual y psicosocial.

Desarrollo psicomotor.

Según Arnold Gessell, el desarrollo psicomotor se puede analizar mediante la observación de cuatro conductas: motriz, adaptativa, del lenguaje y personal social. Los logros significativos para cada edad fueron registrados por el autor en el decenio del cuarenta; no obstante, la observación es que con frecuencia muchos niños muestran tales conductas antes de las edades que se especifican a continuación.

Conducta motriz.

El desarrollo de la actividad motriz depende del crecimiento de los músculos, de los huesos y del sistema nervioso central. Se presenta cefalo caudalmente (de la cabeza a los pies) y en las extremidades, de lo proximal a lo distal (de la parte más cercana al tronco a la más alejada de él). Este desarrollo le permite al niño el control muscular y un desplazamiento cada vez mayor.

En los tres primeros meses el niño aprende a dominar los doce músculos oculomotores (los que mueven los ojos); de los tres a los seis meses los músculos de la cabeza y los brazos; de los seis a los nueve meses los del tronco y los de las manos; de los nueve a los doce meses los de las piernas, los pies y los dedos. Del primero al segundo año se da un perfeccionamiento paulatino de lo adquirido en el primer año.

En el primer mes el niño se caracteriza por tener hipertonicidad muscular; la actividad se expresa fundamentalmente de manera refleja, con los reflejos de búsqueda, de succión, de Moro, de prensión, de marcha automática y de enderezamiento del dorso, entre otros. Responde a los ruidos con movimientos de muchos de sus músculos (reflejo de Moro) y es capaz de levantar la cabeza y voltearse un poco cuando está boca abajo. Uno de los reflejos presentes en esta edad es el de dar pasos cuando es apoyado sobre sus pies, lo que constituye la etapa 1 del caminar. El niño de esta edad mantiene sus manos cerradas y su cabeza no se sostiene en la línea media (se bambolea), lo cual no le impide intentar seguir con la mirada el rostro de una persona o un objeto que se mueve.

De uno a tres meses, aún se conservan casi todos los reflejos del recién nacido, pero poco a poco se van instalando los movimientos voluntarios y desapareciendo los movimientos reflejos; el niño, acostado boca arriba, mueve los miembros superiores y los inferiores como pedaleando; apoyado en sus antebrazos y puesto boca abajo, levanta la cabeza y el pecho; sentado, sostiene la cabeza con oscilación, y luego, sin ella. Abre y mira sus manos. Cuando ya sostiene la cabeza se da la etapa 11 del caminar, llamada estática, en la cual ya se han perdido los reflejos de marcha del primer mes.

De los cuatro a los seis meses, al levantarlo o sentarlo, el niño mantiene la cabeza bien sostenida; estando boca abajo, extiende los miembros superiores y levanta el tórax; se voltea de posición boca abajo a boca arriba y luego a la inversa. Lleva todo a su boca; juega con sus manos, las cuales ya mantiene abiertas, y luego con sus pies.

De los siete a los nueve meses aprende a sentarse solo, inicialmente con apoyo y luego sin él. En posición boca abajo, se arrastra, intenta y luego ejecuta movimientos de gateo; cogido de sus manos, se sostiene de pie, con lo cual entra en la etapa 111 del caminar, conocida como de transición.

De los diez a los doce meses el niño permanece firme, de pie, por largo tiempo, se para sostenido de la barandilla de la cama y gatea bien; se pone de pie sostenido, camina con ayuda y a veces sin ella, lo que constituye la etapa IV del caminar.

De los trece a los dieciséis meses casi todos los niños caminan, inicialmente con dificultad, luego con más seguridad, para posteriormente ser capaces de correr: es la etapa V del caminar, en la cual hay progreso del caminar en el talón al caminar en las puntas de los pies (caminar maduro); además ya puede subir gateando por las escaleras.

De los diecisiete a los veinte meses sus logros motores le permiten lanzar y patear la pelota y subir por escaleras aunque aún sin alternar los pies, subirse a las sillas y montar a caballito.

De los veintiuno a los veinticuatro meses salta en los dos pies, baila, se empina y baja escaleras sin alternar los pies.

Conducta adaptativa.

La conducta adaptativa se refiere a la adquisición de funciones que permiten la solución de problemas, por medio del uso funcional de la mano como pinza.

En el primer mes el niño utiliza su mano como una garra, pues todavía no posee el mecanismo de pinza. Del primero al tercer mes el niño abre y mira sus manos y forma una pinza que aunque poco efectiva  le permite ya agarrar objetos de manera burda, soltarlos rápidamente o llevarlos a la boca.

Del cuarto al sexto mes la pinza es palmar (se agarran los objetos con la palma de la mano sin hacer uso del índice y el pulgar), por lo que logra sostener, los cuales puede recoger voluntariamente  también los recibe , logra a veces pasarlos de una m,ano a otra  y posteriormente es capaz de golpear con ellos. 


Del séptimo al noveno mes la pinza se forma entre el pulgar y los demás dedos, lo que le permite al niño pasar correctamente objetos de una mano a otra.

De los diez a los doce meses hace la pinza con pulgar e índice, por lo cual ya es capaz de pasar páginas de un libro o de una revista, sacar y meter objetos de una taza o caja y entregarlos.

De los trece a los dieciséis meses la pinza ya le permite hacer torres de tres cubos, sacar y poner cubos en una taza y pasar muy bien hojas de libros, así como empezar a hacer trazos burdos.

De los diecisiete a los veinte meses hace torres, inicialmente de tres o cuatro cubos y luego de cinco o seis, hace garabatos circulares, abre y cierra puertas y empuja objetos, como carritos, por ejemplo.

De veintiuno a veinticuatro meses puede hacer la pinza entre el pulgar y el meñique, hace torres de más de seis cubos, imita líneas verticales y horizontales y luego hace trazos en V y circulares, dobla papel o quita la envoltura a un dulce.

Conducta de lenguaje.

La conducta del lenguaje se refiere a la comunicación visible y audible.

El niño menor de un mes tiene como lenguaje el llanto, el cual paulatinamente se hace vigoroso y fuerte; al principio tiene una facies inexpresiva; luego comienza a emitir sonidos guturales y gorjea; además, atiende sonidos como, por ejemplo, el de una campanilla.

De uno a tres meses la expresión se hace despierta y viva; la mirada es directa y defi~ nida y emite sonidos como a, e y u.

De los cuatro a los seis meses aparece el parloteo, da gritos de alegría, ríe a carcajadas y, al final del período, trata de imitar sonidos.

Del séptimo al noveno mes es la época del laleo y el balbuceo; se perfecciona la respuesta vocal social y el niño ríe fuertemente. Al final del período, imita sonidos y pronuncia sílabas como ba, da o ca y al azar dice palabras como papá y mamá, cuyo significado ignora.

De los diez a los doce meses dice ya de uno a tres disilabos claros y con sentido preciso; atiende su nombre, llama a la madre, responde al nombre, comprende el no, aprende a decir adiós con la mano y a dar palmaditas (hacer arepitas).

De los trece a los dieciséis meses usajerga; señala, parlotea ininteligiblemente, dice varias palabras y combina dos de ellas; además, a unos pocos objetos los llama por el nombre. Es la época de las palabras-frase, en las que cada palabra tiene significado distinto según el contexto en que se dice, y el gesto y la entonación que la acompañan.

De los diecisiete a los veinte meses dice de diez a veinte palabras, incluido su nombre; muestra y nombra un dibujo; acata órdenes sencillas. Aproximadamente a los dieciocho meses dice la primera frase, que consiste en dos palabras con significado, y adquiere la capacidad de la negación.

De los veintiuno a los veinticuatro meses, hace frases de tres o más palabras (sustantivos y verbos) y cuenta experiencias inmediatas.

Conducta personal social.

La conducta personal social se refiere a las relaciones con la cultura, al desarrollo de las habilidades sociales.

El niño menor de un mes solo mira un objeto cuando este se encuentra en la línea de visión; mira a su alrededor y sigue las personas con la mirada; deja de llorar cuando se aproxima alguien y le habla.

El niño de uno a tres meses se anima ante los preparativos para su alimentación y sonríe cuando lo acarician y, luego, cuando recibe estímulos visuales y auditivos cariñosos (respuesta facial social). Fija la mirada y rápidamente sigue personas, objetos en movimiento y sonidos, inicialmente con sus ojos y luego con la cabeza.

De los cuatro a los seis meses contempla su imagen en el espejo y sonríe cuando la ve. Distingue si se le habla amistosa o inamistosamente; mira a quien lo llama; tiene respuesta vocal social y sonríe espontáneamente; reacciona cuando se le llama y pone atención cuando se le habla.

Del séptimo al noveno mes distingue a los extraños; reacciona cuando ve su imagen en un espejo (la toca y la acaricia); muerde y chupa los juguetes y busca los que están fuera de su alcance; además, ayuda a sostener la taza cuando ingiere líquidos.

De los diez a los doce meses ayuda a vestirse, entrega juguetes, señala con el índice, aplaude, hace ademán de adiós y muecas.

De los trece a los dieciséis meses es capaz de indicar que sus ropas están mojadas.

De los diecisiete a los veinte meses reconoce y nombra cinco, seis o más partes de su cuerpo y varios objetos; maneja bien la taza y burdamente la cuchara. Inicia el control de esfínteres.

De los veintiuno a los veinticuatro meses empuja a las personas para mostrar, come solo, se refiere a sí mismo por su nombre, comprende y pregunta por otro e inicia la imitación doméstica.

Desarrollo cognoscitivo

El desarrollo cognoscitivo en el lactante corresponde a la etapa que Jean Piaget llamó sensoriomotriz, que va del nacimiento a los dos años de edad y está constituida por seis estadios de organización sucesivos: de uso de reflejos; de reacciones circulares primarias; de reacciones circulares secundarias; de coordinación de respuestas secundarias y su aplicación a nuevas situaciones; de reacciones circulares terciarias y de invención de nuevos medios mediante combinaciones mentales.

En esta etapa empieza la construcción de la realidad mediante el paso por cada uno de los estadios, los que si bien se expresan con un rango de edad no tienen un calendario rígido y sí muchas variaciones en este aspecto. Los logros en cada estadio se apoyan en los obtenidos en los anteriores, de tal modo que el niño utiliza instrumentos sencillos con los que comprende su propio mundo, para luego verificar su modelo con la experiencia.

La palabra sensoriomotriz se refiere a que el niño crea un mundo práctico vinculado íntimamente con sus deseos de satisfacción física mediante la experiencia sensorial ante esos deseos. Dicho de otro modo, las interacciones del niño con el ambiente están reguladas por acciones sensoriales (ver, oír, etcétera) y físicas (agarrar, succionar, etcétera); y así, mediante la experiencia se aprende a pensar (se pasa del caos al cosmos).

La situación inicial del niño en la etapa sensoriomotriz es la de uso de reflejos y formación de esquemas rudimentarios; con conductas de imitación inicia el uso instrumental de los objetos; además, construye las categorías objeto; con su correlativa de permanencia del objeto; espacio; tiempo y causalidad, de tal modo que la situación final es la de pensar (empezar a representarse mentalmente las situaciones).

Estadio de uso de reflejos (del nacimiento a un mes)
En este estadio el niño ejercita el uso de reflejos y de esquemas congénitos (mover, mirar, escuchar) por repetición espontánea mediada por estímulos externos o internos, lo que le permite iniciar un ritmo, una regularidad y una secuencialidad en las acciones. Inicia pautas generales de organización de su conducta y llega a la adaptación, mediante la asimilación, según sus demandas orgánicas.

Estadio de reacciones circulares primarias (de un mes a cuatro meses)

La reacción circular es la asimilación de una experíencia previa y el reconocimiento del estímulo que la desencadena; se conoce como primaria por referirse a la relación entre el cuerpo del niño y su entorno. En este estadio los movimientos voluntarios (por ensayo y error) remplazan lentamente la conducta refleja y las respuestas automáticas accidentales.

Comienza a establecerse la coordinación ojo-mano y se forman hábitos motores y percepciones. Los objetos y el espacio de acción se convierten en unidades de experiencias diferenciadas, pero aisladas. Las experiencias adquiridas se integran a la actividad cortical, lo que sirve para adquirir nuevas experiencias.

La reacción circular suministra una pauta de organización, el esquema (hecho de conducta que puede repetirse y coordinarse con otros), por lo cual puede decirse que lo fundamental en este estadio es la capacidad para incorporar los nuevos resultados de su experiencia como parte de su conducta.

Estadio de reacciones circulares secundarias (de cuatro a diez meses)

La reacción circular secundaria refleja la relación entre el cuerpo del niño y los acontecimientos externos. En este estadio repite y prolonga las reacciones circulares primarias por experiencias impuestas desde el exterior modificadas en una secuencia experimental (esquema secundario). El objetivo fundamental de la conducta es la retención, no la repetición como era antes. Las acciones no están centradas en el acto sino en el resultado de ellas.

Comienza la diferenciación de causa y efecto y la noción del tiempo se introduce con el antes y el después. Incorpora el empleo de símbolos. Se empieza a delinear intencionalidad en la conducta (el niño se da cuenta de que de una acción resulta una consecuencia). La síntesis de los elementos anteriores indica el desarrollo intelectual que estimulará tres nuevos procesos según Piaget: la imitación, el afecto y el juego; repetición gozosa de las conductas aprendidas.

Integra esquemas como la visión, la audición y la prensión. Ha asimilado el modo de hacer las cosas. Es capaz de imitar sistemáticamente los movimientos observados y algunos sonidos. Aparece el sentido de permanencia del objeto y se expresan las raíces genéticas del interés, que darán lugar al afecto. Incorpora el empleo de los símbolos y la noción del tiempo con un antes y un después.

Estadio de coordinación de respuestas secundarias y su aplicación a nuevas situaciones (de diez a doce meses)

Los modos ya familiares de anteriores experiencias los aplica el niño a nuevas experiencias con objetos y situaciones nuevas, pero ya con intención, para lograr la separación entre medio y propósito. Experimenta constantemente, adquiriendo la capacidad de diferenciar y generalizar. La adaptación en este período es resultado de la adaptación causa]. Reconoce signos y anticipa sus respuestas y ya puede experimentar la acción mediante la observación.

Estadio de reacciones circulares terciarias (de doce a dieciocho meses)

Las reacciones circulares son terciarias porque combinan actos y objetivos persistentes con nuevas formas. En este estadio el niño vive en permanente experimentación activa, para lo cual descubre nuevos medios (experimenta para ver qué sucede). El proceso es más acomodativo que asimilativo. Incorpora a su conocimiento los actos de esta nueva experimentación y sus resultados.

Logra la diferenciación inicial de cosas como objetos con cualidades distintivas; el establecimiento de las relaciones de los ob

jetos entre sí proporciona los rudimentos de la retención y la memoria. Los logros de este estadio son el asiento del juicio racional.

En este estadio adquiere el conocimiento de las relaciones espaciales de los objetos, lo que le permite adaptar bloques, encajar, llenar y vaciar. Reconoce la capacidad de otros individuos para generar acciones. Adquiere la capacidad de actuar e imita a otras personas. El juego es utilizado como estímulo y diversión, más en función del medio interno (decidido por el niño).

Estadio de invención de nuevos medios mediante combinaciones mentales (de dieciocho a veinticuatro meses)

En este estadio el niño pasa gradualmente de las experiencias sensoriomotrices reales a la reflexión sobre esas experiencias para consolidar nuevos esquemas de conducta, por lo cual percibe los objetos como independientes y autónomos por sus cualidades intrínsecas.

Percibe y recuerda un objeto por lo que comprende de él, prevé la acción y formula nuevas imágenes propias: pí . ensa. Se comprende a sí mismo como entidad única, se piensa.

Las pautas sensoriomotrices son remplazadas lentamente por desempeños sentimentales (es capaz de predecir el éxito o el fracaso de las acciones sin ejecutarlas). Mediante la imitación copia el acto o el símbolo del acto e imita el trabajo de adultos: padre, madre y otros.

Pasa del juego funcional al juego simbólico y adquiere la identificación por la capacidad de imitar y de diferenciar.

Desarrollo psicosexual.

El desarrollo psicosexual, emocional o afectivo se relaciona con todos los cambios para la construcción del aparato psíquico, para el desarrollo de la personalidad. Hasta los dieciocho meses, el lactante está en la etapa que Sigmund Freud llamó oral y que Erik Erikson reformuló como oral sensorial respiratoria, y de los dieciocho a los treinta y seis meses, el niño discurre por la etapa llamada anal por Freud, reformulada a su vez por Erikson como anal uretral muscular.

Por razones de organización y porque muchos de los niños empiezan la segunda etapa entre los trece y los diecis¿is meses y consiguen los respectivos logros antes de cumplir dos años, ambas etapas se expondrán en este capítulo sobre el niño lactante, para lo cual se utilizará la terminología eriksoniana, la que, en concepto de los coordinadores de la obra, complementa y clarifica la terminología psicoanalítica clásica.

Etapa oral sensorial respiratoria

El niño, al comienzo de esta etapa, tiene imposibilidad de controlar su cuerpo y la res~ puesta a los estímulos; su relación con la realidad se da por medio de lo oral (tragar, regurgitar), de lo sensorial (tocar, ver, oír, oler) y de su respiración.

La tarea del niño es construir paulatinamente un grado de integración psíquica que le permita sentirse como un todo biológico y psicológico, como un todo cohesionado, con una distinción clara entre lo que es él y lo que no es (construcción del yo).

Esta etapa se divide en otras dos: oral sensorial respiratoria pasiva, llamada también temprana, y oral sensorial respiratoria activa, llamada también tardía.

Etapa oral sensorial respiratoria pasiva. Va desde el nacimiento hasta la aparición de la dentición, En ella el niño alcanza la satisfacción de su libido por medio de la boca y de los órganos sensoriales y su interés inicial es por él mismo (placer narcisista primario autoerótico); sus necesidades son satisfechas por la madre, quien se constituye en fuente de protección, de tranquilidad, de comodidad y en objeto de amor.

En el recién nacido la personalidad solo tiene el el lo (instintos); poco a poco en esta etapa se va estructurando el yo. El modo orgánico que el niño utiliza en este proceso es el llamado incorporativo 1 (succionar); la modalidad psicosocial que va adquiriendo paulatinamente es la de obtener y tomar, y la relación de objeto, es de dependencia. Por lo demás, relación de objeto o relación ob~ jetal se refiere a la relación del sujeto con su mundo psíquico. En este caso, objeto puede aplicarse a una persona significativa, a un momento del desarrollo evolutivo o a una fantasía que tenga significado psíquico para el sujeto.

A medida que el niño crece se acentúa el placer de la succión; toda cosa que le interese se la llevará a la boca; el placer de tener se confunde con el placer de ser. Las sensaciones voluptuosas del baño, el aseo y el ser mecido, entre otras, se ligan a la madre y también son objeto de amor. Poco a poco el niño se identifica con la madre, imitándola o almacenando pasivamente sus imágenes, sensaciones y sonidos.

Con el tiempo, la relación con la madre se solidifica y ante la presencia de ella el niño sonríe y hacefiestas, incluso fuera de las horas de mamar. Si la madre habla, él balbucea. Si ella ríe, él sonríe. El niño incorpora más ¡os estímulos proporcionados por los adultos representativos para él.

Etapa oral sensorial respiratoria activa. Con la aparición de la dentición, el niño entra y progresa en un período oral activo, el cual dura hasta el final de la etapa oral sensorial respiratoria.

El modo que el niño utiliza es el incorporativo llamado 2 (morder); la modalidad psícosocial que va adquiriendo paulatinamente es la de obtener y tomar (que se refuerza), y la relación de objeto es de ambivalencia.

El sufrimiento ocasionado por la dentición es aplacado mordisqueando. El niño muerde los objetos que tenga en la boca, aun el seno materno; el niño chupa y muerde objetos que tenga a su alcance; su primera pulsión agresiva es el mordisco. La respuesta generada por esta acción es trascendental en su desarrollo; de ahí que, dada la necesidad de satisfacción oral, la iniciación de] destete definitivo en este período puede ser contraproducente.

Inicialmente el morder sirve para aplacar el malestar por la salida de los dientes; pero luego el morder aplaca otras incomodidades y con el desarrollo global que el niño ha alcanzado aparece la modalidad de incorporar mordiendo, de tomar y afianzarse en las cosas que domina la zona oral.

Al final de la etapa el intercambio de relaciones con los adultos se modifica notablemente, especialmente a propósito de la alimentación y el control de esfínteres, y empieza la transición hacia la etapa anal uretral muscular.

Etapa anal uretral muscular. A partir de los dieciocho meses y a ve~ ces un poco antes, el niño, en la estructuración de su personalidad, discurre por la etapa anal uretral muscular, que se llama así por el desplazamiento de la satisfacción de la libido a la zona anal y uretral y a la actividad muscular: el niño siente gran placer con la manipulación de sus heces, de su orina (placer autoerótico masoquista) y con el ejercicio de su creciente aparato muscular.

En esta etapa, las tareas fundamentales del niño son la reafirmación del sentido de sí mismo y el comienzo de la socialización en el medio extrafamiliar.

Es una etapa de duración variable, que con mucha frecuencia ocupa parte del primero y todo el segundo y el tercer año. En ella casi toda la relación con los adultos gira alrededor de la alimentación, el aprendizaje de la limpieza y el control de los esfínteres.

Los modos orgánicos que el niño utiliza son el eliminatorio (excretar) y el retentivo (retener); la modalidad psicosocial que va adquiriendo paulatinamente es la de soltar y aferrar, y la relación de objeto es, inicialmente, todavía de ambivalencia y, al final, de competencia (capacidad).

La libido provoca la retención lúdica de las heces y de la orina; el aseo consecutivo a

la excreción, generalmente realizado por la madre, lleva a emociones contradictorias, lo que configura la ambivalencia. La expulsión de las heces en el lugar y el momento deseado por el adulto es una forma de recompensa y de expresión de amor hacia este; el rehusarse a hacerlo es una forma de castigo. Este proceso de control de los esfínteres se caracteriza por el conflicto entre conservar el amor de la madre con la renuncia a su propio placer y el oponerse agresivamente a los deseos de los adultos que ama.

En esta etapa el niño descubre la noción de su poder autoerótico y afectivo con sus padres o sustitutos. El juego con sus excrementos (y posteriormente su prohibición) estimula acciones como la fabricación de arepitas o pasteles con barro, arena o plastilina, el chapoteo en el agua y el pantano.

La micción voluntaria sirve de apaciguamiento a la excitación uretral. La educación esfinteriana se propone desinteresar al yo de la pulsión, para que los afectos que le están ligados se dirijan a sustitutos de interés social.

La intensa actividad muscular característica de este período hace que el niño sea activo, gritón, agresivo, con momentos de juego ruidoso e intenso. Es una etapa que se caracteriza por la formación de caracteres: sobrio, serio, obstinado, etcétera.

El modelo moral del niño es dualista: pasivo-activo, bueno-malo, bello-feo. Con frecuencia, las pulsiones y reacciones agresivas contra los adultos son desplazadas a otras personas, animales, muñecas u objetos. Los componentes sádicos y masoquistas adquieren gran importancia en este período. El poder de los padres, y en general de los educadores, adquiere un valor mágico. Subyugar y ser subyugado resulta ser el súmmum de la relación amorosa.

Al principio de la etapa, la personalidad se caracteriza por un yo reforzado. Al final, el desinterés por las materias fecales es impuesto al niño y es aceptado por él, para dar gusto a sus adultos significativos y a comprar su amor protector, lo que constituye el comienzo del desarrollo del superyó en un niño que presenta ya el inicio de una personalidad diferenciada, con intereses y sublimaciones específicas. La zona anal pierde la primacía del hedonismo, para cederla a la zona locomotriz genital, que la conservará durante el resto del período preescolar.

Desarrollo psicosocial

El desarrollo psicosocial se refiere a los cambios que se suceden para adaptarse a vivir en una sociedad. Erik Erikson considera que el lactante discurre por las fases llamadas, la primera, confianza básica versus des~ confianza básica y, la segunda, autonomía versus vergüenza y duda (la palabra latina versus se usa en el sentido de por oposición a). Cronológicamente, la primera va del nacimiento hasta los dieciocho meses y la segunda de los dieciocho a los treinta y seis meses. Por razones de organización y por la importancia que tiene la segunda en el proceso vital del lactante, ambas se considerarán en este capítulo.

Fase de confianza básica versus desconfianza básica

Es una etapa que se corresponde cronológicamente con la etapa oral sensorial respiratoria del desarrollo psicosexual y en la cual, mediante la acción social recíproca con los adultos, el niño debe adquirir confianza en sí mismo, en los adultos y en el mundo; esta confianza depende de la calidad de la atención que reciba, de tal modo que si a un niño se le satisfacen sus necesidades cuando se presenten, si es acariciado y mimado, si se juega con él y si se le tiene en cuenta, podrá desarrollar un sentimiento de confianza básica. Si por el contrario, el niño recibe una atención irregular, a destiempo, o es rechazado, podrá desarrollar un sentimiento de desconfianza básica (miedo y suspicacia) en sí mismo, en los adultos y en el mundo, sentimiento que persistirá en las etapas posteriores del desarrollo y que eventualmente puede manifestarse como depresión o como enfermedades graves: esquizofrenia infantil, por ejemplo.

Es importante recalcar que la virtud adquirida o dejada de adquirir en una etapa de desarrollo psicosocial no es un hecho definitivo, sino que se puede conseguir o perder con posterioridad; por ejemplo, un niño que en su proceso vital como lactante no consigue la confianza básica puede superar la desconfianza inicial en la relación con un maestro e, igualmente, un niño confiado podrá perder esta confianza básica si sus padres se separan hostilmente teniéndolo como centro de sus disputas.

En la vida intrauterina al niño se le satisfacen todas sus necesidades; cuando nace está indefenso y depende por completo de la atención y el control externos; pero tiene a su madre, a la familia que sostiene a su madre y a la sociedad que sostiene la estructura familiar con el aporte de la tradición y sus sistemas de crianza.

Según Erikson, la primera demostración de confianza social en el niño pequeño es la facilidad de su alimentación, la profundidad de su sueño y la relajación de sus intestinos. En el recién nacido el sentido de confianza exige una suma de comodidad física y una experiencia mínima de temor e incertidumbre, lo que le permitirá expresar el primer logro social, esto es, el dejar que la madre se aleje sin manifestar ansiedad o rabia desproporcionada, pues aquella se ha convertido, como dice Erikson, en una certeza interior y en algo exterior previsible.

En esta fase el niño se encuentra oralmente con la sociedad; recibe y da amor con su boca mediante la conducta modal (modo) de incorporación. De acuerdo con el cuidado dispensado por sus padres a sus necesidades corporales, el niño coordina el recibir y el confiar como una sola experiencia, según como coordina el dar y confiar quien lo atiende.

Los actos de recibir y alcanzar llevan a la modalidad social de aferrar. De los siete a los nueve meses, con la dentición, el modo incorporativo alcanza su clímax. El niño tiende a incorporar como propio lo que adquiere o recibe; consigue una nueva modalidad social: tomar.

En el juego se reflejan la incorporación y la retención; ya no depende de su propio cuerpo para el juego y poco a poco va incluyendo lo que está a su alcance. Aproximadamente al primer año de edad aparece la experimentación con el aferrar y el soltar.

Según Erikson, de los diez a los doce meses, como motivación para las acciones, para el niño son más importantes sus padres que sus destrezas. El niño percibe no solo los pensamientos conscientes y las conductas manifiestas de los padres, sino también las inseguridades e intenciones inconscientes, aún sin comprender su causa y su significado. Cada vez asimila más las cualidades de sus padres en su proceso de identificación, a la vez que proyecta en ellos sus propios sentimientos, con experiencias y regularidades mutuas de frustración.

La confianza básica deriva más de la calidad de la relación con los padres, que de la cantidad de tiempo que se le dedica o de alimentos que se le proporcionan; los padres deben representar para el niño una convicción profunda de que todo lo que hacen tiene un significado, para que la tolerancia a las frustraciones tenga un adecuado significado social.

Durante toda la fase de confianza versus desconfianza básica y para un buen discurrir por ella, el control exterior (la actitud de los padres) debe ser finrmemente tranquilizador, con el fin de que el niño consiga una fe básica en la existencia (sentido de regularidad, posibilidad de predecir los sucesos de la vida y aceptar el cambio como parte de ella) y así poder conseguir la virtud básica, la esperanza.

Fase de autonomía versus vergüenza y duda

Es una etapa que cronológicamente va paralela con la etapa anal uretral muscular del desarrollo psicosexual y en la cual, mediante la interacción con los adultos, el niño

debe adquirir la autonomía, es decir, el sentimiento de que puede controlar sus músculos, sus impulsos, el medio que lo rodea y, sobre todo, que es capaz de controlarse y quererse a sí mismo.

En la medida en que el niño aumenta la confianza básica, tiene un gran desarrollo psicomotor y aprende a pensar, empieza a descubrir que por el desarrollo de una conducta que es la suya propia puede hacer cosas, por lo cual pretende actuar con autonomía. Sin embargo, todavía es un ser dependiente, lo que le crea dudas respecto a su capacidad y a su libertad de acción autónoma; además siente vergüenza por la rebelión contra su dependencia placentera y por el temor de sobrepasar los límites de su propia capacidad o los impuestos por los métodos de crianza, nacidos de las pautas culturales establecidas en el principio de la ley y el orden.

Si en la lucha establecida en el niño entre el impulso interior de demostrar su propia voluntad y su renuencia a actuar con sus cualidades potenciales, los adultos significativos acompañan inteligente y afectuosamente al niño y permiten que haga todo lo que es capaz de hacer, con su propio ritmo, en el momento preciso y con los límites necesarios, se puede desarrollar la autonomía; si, por el contrario, los adultos significativos hacen por el niño lo que él es capaz de hacer, se podrán reforzar los sentimientos de vergüenza y duda acerca de sus capacidades de controlar el mundo y a sí mismo, lo que puede ser el sustrato de comportamientos anormales en la edad adulta, tales como la neurosis compulsiva. Para decirlo con Erikson, el niño debe aprender a querer lo que puede ser y a convencerse de que él quería lo que tuvo que ser.

Toda pauta de crianza suscita necesariamente sentimientos de duda y vergüenza, y cada cultura y cada familia le asignan a cada conducta valores positivos o negativos, por lo cual la clase de los necesarios límites puestos por los adultos en esta etapa determinará la actitud del individuo hacia las organizaciones sociales en las etapas ulteriores del proceso vital. Así mismo, el sentimiento de autonomía adquirido en esta etapa y modificado en las etapas posteriores es el sustento en la convivencia social del sentido de la justicia, el cual a su vez retroalimenta la autonomía. En palabras de Erikson, la pauta de educación infantil determina la forma eventual de autoridad política que el individuo considerará más satisfactoria; y viceversa, la ideología política de la época tiene cierta influencia sobre los límites de las pautas aceptables de crianza.

En esta fase los contactos psicosociales se centran en las modalidades (adquisiciones) sociales de retener y soltar con manos, boca, ojos y esfínteres; es la época en la cual se suele conseguir el control esfinteriano, proceso en el cual se pone de manifiesto una zona erógena (anal uretral muscular) que se asocia con la lucha por la autonomía y la subordinación a la dirección de los adultos.

El niño en esta fase, y debido a la lucha dialéctica que vive, tiene frecuentes varia
ciones en su humor (va con facilidad de la alegre certidumbre a la impotencia y a la desesperación, y viceversa), pero poco a poco se va liberando de su omnipotencia por medio de la frustración y la confianza en sí mismo. El juego, que es el instrumento por excelencia para vencer la duda y la vergüenza, le permite un refugio seguro para el desarrollo de su autonomía (para reconstruir su yo en caso necesario). Además, es una etapa decisiva para que el niño interiorice la cercana relación entre amor y odio, cooperación y terquedad, autoexpresión y represión.

Durante esta fase varía la relación del niño con sus padres por su empeño tenaz de afirmar su autonomía al caminar, comer, vestirse y desarrollar otras actividades. El dar y recibir entre el niño y el adulto es fundamental para que aquél obtenga una independencia gradual y la realización de otra virtud básica, la voluntad: dar y recibir lo que se desea y lo que desean los demás.


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Autores del tema: Dra. Miriam Bastidas Acevedo, Dr. Alvaro Posada Díaz, Humberto Ramírez Gómez

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