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DEFINICION:

Presencia de un número significativo de gérmenes en las vías urinarias, parénquima renal o vejiga, demostrada por manifestaciones clínicas sugestivas, leucocituria y bacteriuria.

Las vías urinarias abarcan:

  • La vejiga
  • Los riñones
  • Los uréteres (conductos que llevan la orina desde cada riñón hasta la vejiga)
  • La uretra (el conducto que saca la orina desde la vejiga hacia fuera)

 Clínicamente puede ser sintomática o asintomática

Es importante definir ciertos términos que están involucrados en el manejo de la infección urinaria:

  • Bacteriuria. Presencia de bacterias que están por infección o contaminación.
  • Bacteriuria significativa. Presencia de más de 100.000 colonias de germen uropatógeno por micción espontánea, de cualquier crecimiento bacteriano por punción suprapúbica, o de 10.000 a 50.000 colonias por sonda vesical
  • Bacteriuria recurrente. Reaparición de bacteriurua significativa posterior a cultivo estéril.
  • Infección urinaria recurrente. Episodios repetidos sintomáticos de infección.
  • Reinfección. Infección con germen diferentes después de dos semanas de tratamiento inicial.
  • Recaída. Persistencia del mismo organismos a pesar de tratamiento antibacteriano adecuado.

Causas.

Las infecciones urinarias pueden ocurrir cuando las bacterias encuentran el camino hacia la vejiga o los riñones. Estas bacterias normalmente se encuentran en la piel alrededor del ano o algunas veces alrededor de la vagina.

Normalmente, no hay ninguna bacteria en las vías urinarias en sí. Sin embargo, ciertas cosas pueden facilitar la entrada o permanencia de bacterias en dichas vías urinarias. Éstas abarcan:

  • Un problema en las vías urinarias, llamado reflujo vesicoureteral, que normalmente está presente al nacer. Esta afección permite que la orina fluya de nuevo hacia los uréteres y los riñones.
  • Enfermedades del sistema nervioso o del cerebro (como el mielomeningocele, lesión de la médula espinal, hidrocefalia) que dificultan vaciar completamente la vejiga.
  • Baños de burbuja o prendas de vestir demasiado estrechas (niñas).
  • Cambios o anomalías congénitas en la estructura de las vías urinarias.
  • No orinar con la suficiente frecuencia durante el día.
  • Limpiarse de atrás (cerca del ano) hacia adelante después de ir al baño. En las niñas, esto puede llevar bacterias hasta la abertura por donde sale la orina.

Las infecciones urinarias son más comunes en las niñas, especialmente alrededor de los tres años apenas empiezan con la educación de los esfínteres. En los niños incircuncisos, el riesgo de una infección urinaria es ligeramente más alto antes de cumplir el primer año de vida.

 Sintomatología.

Los síntomas varían con la edad del niño, el lugar y la severidad de la infección.

En niños mayores se puede distinguir entre Cistitis (infección limitada a la vejiga), cuyos síntomas son dificultad y ardor para orinar con aumento del número de micciones; y Pielonefritis (infección mas localizada en los riñones) que generalmente compromete el estado general del paciente y se manifiesta por fiebre, dolor lumbar, vómitos, dolor abdominal y malestar general.

En el lactante y niños pequeños el diagnóstico es más difícil, y debe sospecharse infección urinaria en todo bebé con fiebre de causa no clara, falta de aumento de peso de un control a otro, orina de olor mas fuerte o de color mas intenso que el habitual.

 

En resumen:

  • Ardor o dolor al orinar
  • Orina con frecuencia solo cantidades pequeñas de orina
  • Fiebre
  • Diarrea
  • Vómito
  • Está irritable o quisquilloso
  • Menos activo
  • Dolor de estómago
  • Dolor de espalda
  • Se está orinando en la ropa a pesar de que ya está entrenado o entrenada para usar la taza.
  • La orina huele mal
  • Orina con sangre
   

Evaluación y Diagnóstico:

Historia:

  1. En recién nacidos: Manifestaciones sistémicas inespecíficas como pobre alimentación, ganancia ponderal lenta, irritabilidad, letargia, vómitos, fiebre o hipotermia, etc.
  2. En lactantes: Manifestaciones inespecíficas como pobre ganancia ponderal, vómitos, dolor abdominal y fiebre (esta última como único síntoma sobre todo en el sexo femenino); el dato de antecedente de ITU puede ser de utilidad.
  3. En pre–escolares y escolares: Fiebre, disuria, polaquiuria, urgencia miccional, enuresis, dolor abdominal o en flancos y hematuria; antecedente de ITU o litiasis urinaria puede ser de utilidad.

Examen Físico:

  1. En recién nacidos: Signos inespecíficos como taquicardia, taquípnea, distensión abdominal, cianosis, visceromegalia, trastornos del sensorio, fiebre o ictericia; presencia de masas en los flancos, globo vesical, malformaciones visibles del tracto genitourinario, defectos del tubo neural.
  2. En lactantes: Puede ser negativo o encontrarse signos similares a los descritos para el recién nacido; bajo peso o presión arterial elevada se encuentran en ocasiones.
  3. En pre–escolares y escolares: Puede ser negativo o encontrarse pobre desarrollo físico, dolor a la palpación abdominal, dolor a la puño-percusión lumbar, hipertensión arterial.

Exámenes Auxiliares:

  1. Examen completo de orina: Indicado siempre; puede encontrarse piuria, bacteriuria y/o hematuria; la muestra debe obtenerse previa higiene (con agua y/o jabón líquido) de la región perineal y periuretral en las mujeres y de la región balanoprepucial en los varones.
  2. Urocultivo: Imprescindible para confirmar el diagnóstico; la muestra debe obtenerse por punción suprapúbica o cateterismo vesical (en recién nacidos y lactantes que se hospitalizan), por bolsa colectora en lactantes mayores de cuatro meses que no tienen criterios de hospitalización (ver más adelante); en caso de usar bolsa colectora, cambiar la bolsa cada 30 minutos si aún no se ha obtenido la muestra, manteniendo al niño en posición vertical, sin pañal; cambiar la bolsa de inmediato si el paciente ha defecado, repitiendo la higiene en la zona respectiva; se obtiene la muestra por chorro medio en niños pre–escolares y escolares; la muestra debe ser procesada de inmediato o en su defecto mantenida en refrigeración (no congelar) hasta su procesamiento.
  3. Ecografía de vías urinarias: Indicada, después del diagnóstico de pielonefritis aguda, con el fin de demostrar la presencia de los dos riñones, el tamaño de los riñones, la presencia de cicatrices, dilataciones del sistema pielocalicial o de los uréteres, capacidad vesical y residuo vesical postmiccional, así como la presencia de litiasis urinaria.
  4. Gammagrafía renal (DMSA o glucoheptanato): Indicada cuando no está claro el diagnóstico de pielonefritis o en el seguimiento de lactantes y niños pequeños, para evaluar cicatrices.
  5. Cistouretrografía miccional: Debe hacerse en menores de cinco años, tres a cuatro semanas después del tratamiento de la primera infección aguda (pielonefritis) en los varones o después de la segunda semana en las mujeres; puede mostrar anomalías de la uretra y la vejiga y es el mejor método para la detección de reflujo vésico–ureteral.
  6. Pielografía intravenosa: Indicada si hay lesión obstructiva a cualquier edad, sospechada clínicamente y/o comprobada por ecografía, o para evaluación de cicatrices renales sobre todo en niños mayores de cinco años; además, permite demostrar duplicación renal y ureteral (difícil de detectar por ecografía), riñón en herradura y riñón ectópico.
Tratamiento.

La infección urinaria debe ser detectada y tratada con prontitud para evitar posibles daños en el riñón. El tratamiento de la infección de orina se realiza con antibióticos, administrados generalmente por vía oral.

Cuando se sospecha que la infección ha llegado al riñón, puede ser preciso administrar las dosis iniciales por vía intramuscular o intravenosa, e incluso hospitalizar al niño durante unos días. Con el antibiótico adecuado, la mejoría de los síntomas se produce muy rápidamente, a las 24-48 horas, con desaparición de las molestias al orinar y disminución de la fiebre. Aún así, se debe prolongar el tratamiento antibiótico durante 5-7 días y hasta 21 días si se trata de una pielonefritis.  

En el caso de que el niño con infección urinaria y fiebre sea muy pequeño, menor de 2 meses, se encuentre muy enfermo o presente vómitos que impidan la administración de antibióticos por vía oral, el pediatra recomendará su hospitalización.

En algunos niños con alteraciones congénitas de las vías urinarias ya conocidas o que se descubren coincidiendo con la infección de orina, será necesario mantener un tratamiento antibiótico preventivo durante meses. La alteración congénita más frecuente de las vías urinarias es el reflujo vesico-ureteral que consiste en que parte de la orina fluye de la vejiga hacia el uréter y el riñón, dilatándolos, en lugar de hacia la salida (uretra: conducto que comunica la vejiga de la orina con el exterior). Esto hace que la orina se estanque y se infecte con mayor facilidad.

Se debe tratar la fiebre, si es que se presenta, con medicamentos antitérmicos como paracetamol, ibuprofeno o aspirina y recomendar que se beban muchos líquidos, agua, zumos, etc.


Complicaciones.

La complicación más frecuente de la infección urinaria es la formación de una cicatriz en el riñón. Esto sucede con mayor frecuencia en las infecciones urinarias que se producen en los primeros 5 años de vida, especialmente el primer año. La formación de cicatrices en el riñón puede afectar el funcionamiento de este órgano en la edad adulta, pudiendo llevar a la Hipertensión arterial (tensión alta) y a la Insuficiencia Renal (ausencia de funcionamiento de los riñones) que pueda hacer necesario la diálisis (riñón artificial) o la realización de un trasplante de riñón. Afortunadamente, hoy en día, gracias a la mejora en el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad, estas complicaciones son mucho menos frecuentes.

En el niño muy pequeño, sobre todo en el primer mes de vida, la infección urinaria puede complicarse por el paso a la sangre de las bacterias que infectan la orina, pudiendo provocar enfermedades muy graves como la sepsis urológica y meningitis. Es para prevenir estas complicaciones, por lo que el pediatra hospitalizará a los niños de esta edad con una infección urinaria.


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