Búsqueda personalizada






Las fórmulas de soya comenzaron a desarrollarse alrededor del año 1900, producto de la necesidad de una libre de lactosa y para aquellos pacientes que no toleraban la leche de vaca. Originalmente se cuestionó en estas fórmulas la mineralización ósea, que siendo evaluada con estudios longitudinales, resulto similar a los niños alimentados con leche de vaca, sin embargo, en prematuros o de bajo peso al nacer la utilización de estas fórmulas se ha vinculado con mayor tendencia a la osteopenia, por lo cual para estos casos están contraindicadas.

Estas fórmulas no son leche ya que sus proteínas no provienen de ningún mamífero, son de sabor similar a la leche de vaca, y son menos costosas que la mayoría de los hidrolizados proteicos. La leguminosa proteína de soya constituye una importante fuente proteica, 85% son globulinas, contiene poca cantidad de metionina, la cual se agrega para asemejarla a la proteína humana. La taurina y camitina también se agregan a estas fórmulas pero en menor cantidad. Las grasas de las fórmulas de soya son muy similares a las fórmulas de vaca. No contienen lactosa y no se agrega para evitar la contaminación con proteína de leche de vaca; en su lugar se agrega sacarosa, malto-dextrina, almidón de maíz o yuca, o combinaciones de carbohidratos. La grasa es derivada de combinaciones de aceite vegetal (soya, coco, girasol). Los minerales y las vitaminas también son agregados en cantidades mayores que las fórmulas de vaca para compensar la poca biodisponibilidad (absorción) secundaria a la presencia de fitatos, cuyo contenido es entre 1% y 2% y pueden interferir en la absorción de minerales y trazas como el zinc, hierro y cobre30; aporta 20 kcal/onza.

El aluminio que contiene la fórmula de soya es más alto que el de leche humana y leche de vaca. La ingesta de aluminio en los niños alimentados con soya alcanza a 1 mg/kg; no se han determinado las consecuencias de este mineral, pero se están haciendo revisiones para disminuir su cantidad.31

Estas fórmulas tradicionalmente se han indicado en niños que no toleran la proteína de vaca, el pediatra debe considerar antes de modificar la fórmula infantil que muchas intolerancias se deben a irregularidades en el proceso de alimentación (frecuencia, dilución, cantidad) más que a las fórmulas.

El uso de las fórmulas de soya en la alimentación del lactante va a sufrir grandes cambios en un futuro no lejano. No han demostrado ser mejores nutricionalmente que las fórmulas de vaca y poseen desventajas como la presencia de fitatos, aluminio e isoflavonoides.

Existen indicaciones específicas para la utilización de estas fórmulas, con base en la valoración individualizada del pediatra:

  1. Necesidad de dietas exentas de galactosa (galactosemia) y/o intolerancia severa a

    la lactosa.29,32

  2. Negación a la ingesta de proteína animal por condiciones raciales o religiosas

    (ejemplo padres vegetarianos).

  3. Tratamiento de algunas alergias alimentarias.

La soya en la prevención de alergia es cuestionada. Un reciente estudio demostró que las fórmulas de soya no deben ser indicadas para la prevención de alergia en niños de alto riesgo (con alergia familiar en primer grado), ya que existe un número creciente de lactantes alérgicos a la proteína de soya.33-34 La proteína de soya también puede desencadenar atopia mediada por la glicina y tripsina. Lactantes con alergia a la proteina de vaca pueden desarrollar alergia a la soya en 30% a 50% de los casos, principalmente en la alergia no mediada por IgE. También está contraindicada en recién nacidos pretérminos y en los síndromes de enteropatías o rectocolitis hemorrágicas inducidas por la leche de vaca debido a la hipersensibilidad cruzada.

Las fórmulas de soya contienen fitoestrógenos, compuestos no esteroideos derivados de las plantas químicamente idénticos a los estrógenos humanos, que se unen a receptores estrogénicos, estimulando su actividad. El consumo de isoflavonoides se estima normalmente entre 6 y 12 mg/kg para menores de 4 meses, aunque la biodisponibilidad no se conoce con claridad, la concentración de los lactantes alimentados con soya es más alta que los que reciben leche de vaca o leche materna.

Los isoflavonoides han demostrado producir efectos adversos en la función neuroendocrina en animales. Recientes estudios han cuestionado la utilización de estas fórmulas basándose en la posibilidad de estar implicados en adelanto puberal para las niñas y posibles alteraciones de fertilidad en humanos; hasta ahora no se han encontrado efectos significativos en el desarrollo puberal humano, pero se siguen realizando estudios longitudinales más concluyentes.

Las consecuencias del consumo elevado de fitoestrógenos en el lactante humano, y su función reproductiva e inmunológica en la etapa adulta, no son conocidas. Sin embargo, en algunos países se trata de disminuir el contenido de isoflavonoides en las fórmulas de soya. Los hallazgos científicos no permiten emitir conclusiones en la seguridad de la fórmula de soya. Es importante resaltar que los isoflavonoides también se encuentran en otros productos diferentes a las fórmulas de alto consumo en la población infantil.

Por otro lado, se ha determinado que los lactantes con hipotiroidismo congènito alimentados con soya pueden presentar un incremento de los niveles de TSH, no se conoce el mecanismo, pero requieren un incremento de la dosis de hormona tiroidea que reciben.

No se recomienda el uso de las fórmulas de soya en los casos de gastroenteritis aguda, ya que el consumo de fórmulas sin lactosa en los pacientes hidratados no empeora el episodio diarreico.44 Por último, no existe evidencia de que la fórmula de soya mejore los síntomas del reflujo o del cólico infantil, por lo cual no puede ser recomendada en estos casos.

Nota importante: La leche materna es el alimento natural producido por la madre para alimentar al recién nacido. Se recomienda como alimento exclusivo para el lactante hasta los 6 meses de edad, ya que contiene todos los nutrientes necesarios para su desarrollo

 Volver a inicio