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Muchas veces el pediatra y el ortopedista se ve enfrentado a una "enfermedad" que en ciertos momentos parece ser desconcertante o inexistente y es lo que se conoce como "Dolor de Crecimiento". Se trata de un diagnóstico clínico que se presenta en niños entre los 4 a 12 años de edad y cuya característica es un dolor intermitente y usualmente bilateral que se presenta en las piernas o en los muslos, no en las articulaciones, que aparece antes de acostarse o que los despierta de noche y que responde bien a estiramientos o masajes o a la medicación con Acetaminofen o analgésicos no esteroideos, muy raro que aparezcan en los miembros superiores. Se le ha denominado dolor de crecimiento porque aparece en la niñez y desaparece en al edad adulta; sin embargo se considera que un proceso gradual como el crecimiento, difícilmente cause este tipo de dolor de caracter intermitente, por lo que es mas acertado llamarlos "Dolores Óseos Recurrentes Benignos"

Es un dolor real. Son muchos los niños pequeños que sufren de los conocidos dolores del crecimiento. Sin embargo, según la doctora Carmen Cano, pediatra de Red Salud UC, “en la actualidad se debe hablar de dolores óseos recurrentes, ya que no hay evidencias de que éstos sean provocados por el crecimiento”. Las molestias, por lo general, se presentan a temprana edad, tanto en niños como en niñas. La especialista explica que “el dolor se da en la etapa preescolar -a los tres años- hasta la preadolescencia, alrededor de los 12, manifestándose con mayor frecuencia entre los cuatro y los seis años. En la adolescencia se dejan de sentir”.

Estos dolores se caracterizan por ser bastante moderados, aunque pueden llegar a ser muy intensos. Suelen afectar de manera periódica y cambiante las extremidades inferiores, es decir, muslos y pantorrillas. En algunas ocasiones también pueden presentarse en los brazos.

No son dolencias invalidantes, por lo que no están asociadas a cojeras, incapacidades u otros que afecten la calidad de vida del menor. Además, es común que aparezcan durante la tarde y la noche, sobre todo, al momento de ir acostarse.

Las molestias desaparecen cuando el menor se queda dormido. “En el caso que éstas persistan en una misma zona, o que el dolor despierte al niño en las noches y cause alteraciones en su andar, se debe sospechar de algún tipo de enfermedad -dice la doctora Cano- . Ahí se recomienda llevar al paciente a su pediatra o traumatólogo pediátrico”.

Su causa o etiología aún no están clarea y puede estar relacionada a: Factores anatómicos, Factores sicológicos y Fatiga 

Para manejar estos problemas es fundamental educar a la familia y al niño, sobre la naturaleza benigna de los dolores. Sin embargo, es importante destacar que no existen terapias ni tratamientos específicos para este tipo de dolor, aunque sí hay datos y consejos útiles que pueden calmarlos y disminuir su intensidad.

En muchos casos se pueden realizar masajes locales para aliviar el dolor en las extremidades comprometidas. También se puede utilizar paracetamol, analgésico que puede ayudar a disminuir las molestias en las zonas afectadas. Por el contrario, no es aconsejable usar medicamentos más potentes ni mantener el uso -persistente y continuo- del paracetamol sin consultar al médico respectivo, pues podría tratarse ya no de un dolor óseo recurrente, sino de alguna enfermedad cuyo diagnóstico puede verse retrasado por el uso de fármacos. Por ello, si los malestares continúan es mejor recurrir a un especialista.

No está comprobado el vínculo entre los dolores óseos y el crecimiento. Además, el desarrollo del cuerpo es un proceso lento que, por lo mismo, no supone dolor. Al contrario, si hubiera algún tipo de relación entre ellos, la intensidad de los dolores debiera aumentar en la adolescencia -periodo en el que se crece más-, pero es justo aquí donde éstos desaparecen. Por este motivo, no es correcto afirmar que los menores padecen dolores óseos porque están creciendo. Si esto fuera así, las personas que alcanzan impor tantes estaturas sufrirían estas molestias durante todo el proceso, lo que no sucede.

Aunque los dolores óseos son frecuentes en los niños entre los cuatro y los seis años, es bueno poner atención ante algunos signos que pudieran indicar algo más. Por eso, consulte a su médico si:

  • Los dolores afectan y causan rigidez en las articulaciones.
  • En caso que el dolor despierte al niño.
  • Cuando las molestias se sienten durante varios días, de manera continua.
  • En caso que el dolor afecte siempre una misma extremidad en forma persistente.
  • Se compromete la marcha o caminar del niño.

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