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Conjuntivitis purulenta aguda. Se caracteriza por hiperemia conjuntival más o menos generalizada, edema, exudado mucopurulento y molestias oculares variables. Suele deberse a infecciones bacterianas. Las causas más frecuentes son Haemophilus influenzae no tipado (asociado con otitis media ipsolateral), neumococos, estafilococos y estreptococos. El raspado y el cultivo conjuntival ayudan a identificar el agente específico. Estas formas habituales de conjuntivitis purulenta aguda suelen responder bien al tratamiento con paños templados e instilación de colirio antibiótico. La fiebre purpúrica brasileña por Haemophilus aegyptius se manifiesta como conjuntivitis y sepsis. N. gonorrhoeae y Chlamydia son causas relativamente frecuentes de conjuntivitis aguda purulenta después del período neonatal, sobre todo en adolescentes. Esas infecciones requieren pruebas diagnósticas y tratamiento específicos.

Conjuntivitis vírica. Suele caracterizarse por secreción acuosa. A menudo se encuentran folículos (pequeños agregados de Iinfocitos) en la conjuntiva palpebrai. La conjuntivitis por adenovirus es bastante habitual, con afectación ocasional de la córnea (v. más adelante). También se dan epidemias de conjuntivitis por enterovirus, que pueden ser he- morrágicas. La conjuntivitis es frecuente en viriasis sistémicas, como los exantemas infantiles, sobre todo el sarampión. Estos tipos son auto-limitados.

Queratoconjuntivitis epidémica. Se debe al adenovirus tipo 8 y se transmite por contacto directo. Debuta con sensación de cuerpo extraño bajo los párpados, picor y quemazón. Rápidamente aparecen edema y fotofobia, con grandes folículos ovalados sobre la conjuntiva. A menudo hay adenopatía preauricular y formación de seudomembranas en la conjuntiva. En ocasiones se desarrollan infiltrados corneales subepiteliales que causan visión borrosa; aunque suelen desaparecer, pueden afectar de forma permanente la agudeza visual. Las complicaciones corneales son más raras en niños que en adultos. Los niños presentan a veces faringitis o infección respiratoria alta asociada. Aunque a menudo se prescriben colirios antibacterianos, no suelen estar indicados. No existe ningún tratamiento médico para aliviar los síntomas o acortar la duración de la enfermedad. Debe insistirse en la prevención del contagio. En el 95% de los pacientes existen virus en replicación 10 días después de la aparición de los síntomas.

Conjuntivitis membranosa y seudomembranosa. Estos tipos de conjuntivitis se presentan en diversas enfermedades. La conjuntivitis membranosa típica es la diftérica; se acompaña de un exudado rico en fibrina que se forma sobre la superficie conjuntival y atraviesa el epitelio, por lo que cuesta trabajo arrancar la membrana y deja áreas cruentas sangrantes. En la conjuntivitis seudomembranosa, la capa de exudado fibrinoso es superficial y a menudo se pela con facilidad, quedando una superficie lisa. Este tipo aparece en numerosas infecciones bacterianas o víricas: estafilocócica, neumocócica, estreptocócica, por clamidias y queratoconjuntivitis epidémica. También se presenta en la conjuntivitis vernal y en el síndrome de Stevens-Johnson.

Conjuntivitis alérgica. Suele asociarse con prurito intenso, lagrimeo y edema conjuntival y ser estacional. Los paños fríos y las gotas descongestionantes mejoran los síntomas. También resultan útiles los estabilizadores del mastocito y los inhibidores de las prostaglandinas. En casos seleccionados pueden emplearse corticoides tópicos con supervisión de un oftalmólogo.

Conjuntivitis vernal. Suele empezar en la edad prepuberal y recurrir durante varios años. La atopia parece influir en su aparición, aunque la patogenia no está clara. Los síntomas habituales son prurito muy intenso, fotofobia y lagrimeo. Son típicas las grandes papilas aplanadas en adoquinado sobre las conjuntivas palpebrales. Con frecuencia aparecen hebras de exudado y seudomembranas lechosas en la conjuntiva. En ocasiones se presentan pequeñas lesiones elevadas de la conjuntiva bulbar junto al limbo (forma límbica). Los frotis conjuntivales pueden mostrar abundantes eosinófilos. El tratamiento con corticoides tópicos y compresas frías alivia los síntomas. Debe recurrirse a los estabilizadores del mastocito o a los inhibidores de prostaglandinas para conseguir el control a largo plazo. Hay que evitar el uso prolongado de corticoides tópicos.

Conjuntivitis química. Puede producirse si penetra en el saco conjuntival una sustancia irritante (como la conjuntivitis aguda benigna causada por nitrato de plata en los recién nacidos). Otras sustancias frecuentes son productos de limpieza doméstica, aerosoles, humo y polución industrial. Los álcalis tienden a adherirse a los tejidos conjuntivales y lesionarlos durante horas o días. Los ácidos precipitan las proteínas de los tejidos, por lo que su efecto lesivo es inmediato. En cualquier caso, la irrigación copiosa inmediata es fundamental. Pueden quedar lesiones tisulares graves, incluso con pérdida del ojo, sobre todo en las quemaduras por álcalis.

 Otras enfermedades conjuntivales. La hemorragia subconjuntival manifiesta en forma de parches de color rojo intenso u oscuro conjuntiva bulbar y se debe a traumatismos o inflamaciones. A menudo es espontánea. También se asocia con estornudos o tos intensa: En raras ocasiones refleja una discrasia sanguínea.

La pinguécula es una masa blanco amarillenta levemente elevada sobre la conjuntiva bulbar, por lo común en la región interpalpebral. Se debe a degeneración hialina elastótica de la conjuntiva. No requiere tratamiento, salvo por motivos estéticos, y es suficiente con su extirpación simple.

El pterigión es una lesión conjuntival carnosa de forma triangular que puede extenderse sobre la córnea. Aparece de forma tipica en la región interpalpebral nasal. Los hallazgos anatomopatológicos son similares a los de la pinguécula. El desarrollo de pterigion esta relacionado con la exposición a luz ultravioleta, por lo que es frecuente en personas que viven cerca del ecuador. Conviene extirparlo si se extiende demasiado sobre la córnea, aunque son frecuentes las recidivas.

El quiste dermoide y el dermolipoma constituyen lesiones lbenignas de aspecto similar. Son tumoraciones lisas, elevadas, redondas  ovaladas y de color entre blanco amarillento y rosa carnoso. Su situación habitual es el cuadrante superior externo del globo, aunque también son frecuentes sobre el limbo o cerca de él. El dermolipoma esta compuesto de tejido adiposo y conjuntivo. Los quistes dermoides bién pueden contener tejido glandular, folículos pilosos y pelos, se extirpan por motivos estéticos. Los dermolipomas están conectados con  frecuencia a los músculos extraoculares, lo que imposibilita su extirpación completa sin afectar la motilidad ocular.

El nevo conjuntival es una pequeña lesión elevada de pigmetación variable entre salmón pálido y marrón oscuro. Suele ser benigno que se recomienda vigilarlo por si crece o aparecen cambios que sugieran su malignización.

El simbléfaron es una adherencia cicatricial entre la conjuntiva palpebral y el globo, que suele afectar al párpado inferior. Aparece tras operaciones o traumatismos, sobre todo quemaduras con lejía, ácidos o metales fundidos. Se trata de una complicación grave del síndrome de Stevens-Johnson. Puede dificultar el movimiento del ojo e incluso  causar diplopía. Deben romperse las adherencias y evitar que se peguen las superficies cruentas mientras cicatrizan. A veces se pecisan  injertos de mucosa oral.


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