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Cuando se observa al niño(a) con cambios de ánimo en forma repentina, se puede pensar que está presentando o padeciendo de un trastorno de tipo bipolar.

Trastorno bipolar
La enfermedad bipolar se caracteriza por una alternancia de depresión y manía (una presentación típica en adultos) o una variación cíclica rápida del estado de ánimo, que puede tener la apariencia de una depresión irritable y una alteración de la regulación del afecto. La variante cíclica rápida mixta es más frecuente en niños y adolescentes jóvenes. El 1% de los adultos bipolares describe que sus síntomas aparecieron en la primera infancia; en alrededor del 10% sus síntomas se iniciaron al principio de la adolescencia. Los estudios epidemiológicos indican que la prevalencia durante la infancia y la adolescencia es del 1 %. Aunque distintos estándares de evaluación han dado lugar a distintas estimaciones de la prevalencia.
Etiología o causa. El trastorno bipolar tiene raíces genéticas: unas tasas de concordancia del 65% en gemelos monocigotos y de menos del 20% en dr cigotos respaldan esta hipótesis. Además, los familiares de primer grado de personas con trastorno bipolar tienen mucha mayor probabilidad que la población general de manifestar un trastorno del estado de ánimo. El 20% de los adolescentes que debutan con síntomas de depresión mayor presenta episodios maníacos más adelante.

Manifestaciones clínicas. Las manifestaciones clínicas del trastorno bipolar son distintas en los niños prepuberales y los adolescentes jovenes que en los adolescentes de más edad y los adultos. Los episodios definidos de depresión que alternan con euforia, pensamientos grandiosos, niveles elevados de actividad, locuacidad, distraibilidad, hipersexualidad, hiperreligiosidad, gastos excesivos y alucinaciones y delirios son característicos del trastorno bipolar clásico y representan el patrón sintomático típico que aparece en la mitad o al final de la adolescencia y en adultos. En el 70% de estos casos, una anamnesis cuidadosa revela que al menos un episodio de depresión precedió a los síntomas maniacosos. Sin embargo, algunos niños y adolescentes presentan irritabilidad, grandiosidad, agresividad explosiva, hiperactividad, pensamiento acelerado y deterioro cognitivo. Estos niños, que a menudo no cumplen totalmente los actuales criterios del DSM-IV para el trastorno bipolar, sufren claramente síntomas que afectan a su funcionamiento y que requieren intervención. En raras ocasiones los síntomas son evidentes en épocas tan tempranas como el período preescolar. Dado que algunos estudios señalan que los niños con síntomas de aparición temprana es más probable que tengan familiares de primer grado con un trastorno del estado de ánimo, actualmente muchos psiquiatras consideran que padecen una forma de trastorno bipolar. Estos niños pueden cumplir criterios de uno o más trastornos con comportamiento perturbador, sobre todo trastorno de hiperactividad con déficit de atención y trastorno disocial. Existe una controversia considerable acerca de la prevalencia y las características diagnósticas de esta forma trastorno bipolar de inicio temprano. Sin embargo, la inestabilidad grave y temprana del estado de ánimo se asocia a cifras elevadas de fracaso escolar, malas relaciones con los compañeros y niveles elevados de conductas arriesgada-, y de abuso de sustancias al comienzo de la adolescencia.

Resumiendo:

Los niños y adolescentes que sufren un episodio maníaco pueden:

Sentirse muy felices o hacer tonterías de una manera inusual.
Ponerse repentinamente de muy mal genio.
Hablar muy rápido sobre muchas cosas distintas.
Tener problemas para dormir, pero no sentirse cansados.
Tener problemas para mantenerse concentrados.
Hablar y pensar más a menudo en el sexo.

Hacer cosas peligrosas.
Los niños y adolescentes que sufren un episodio depresivo pueden:
Sentirse muy tristes.
Quejarse mucho de dolores, como dolores de estómago y cabeza.
Dormir muy poco o demasiado.
Sentirse culpables e inútiles.
Comer muy poco o demasiado.
Tener muy poca energía y falta de interés en las actividades divertidas.
Pensar en la muerte o el suicidio.

Tratamiento. Medicamentoso: El tratamiento del trastorno bipolar suele precisar la utilización de fármacos estabilizadores del estado de ánimo. La psicoterapia sola suele ser ineficaz en el trastorno bipolar. Excepto en circunstancias inusuales, lo mejor es dejar el tratamiento farmacológico del trastorno bipolar en manos de un psiquiatra infantil. El carbonato de litio resulta eficaz en el tratamiento de la enfermedad bipolar y los síntomas maníacos en aproximadamente el 60% de los casos. El litio se administra por vía oral, midiendo sus concentraciones sanguíneas.

Medicamentos antipsicóticos que estabilizan el estado de ánimo (como aripiprazol, quetiapina y risperidona)
Anticonvulsivos que estabilizan el estado de ánimo (como carbamacepina y valproato).

 

Psicoterapeutico: Hay distintas clases de psicoterapia o terapia de "diálogo" que pueden ayudar a los niños que sufren del trastorno bipolar. La terapia puede ayudar a los niños a cambiar su comportamiento y controlar sus actividades diarias. También puede ayudar a los jóvenes a llevarse mejor con sus familiares y amigos. A veces la terapia incluye a los familiares y amigos.

 

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