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Si su hijo, que antes era encantador y sonriente, le obedecía y se comunicaba con usted con frecuencia, ahora se ha convertido en una persona que llega de clases y no cuenta nada, se mete en su cuarto y cierra la puerta, y cuando le abrimos sin tocar, se forma una agria discusión, porque exige privacidad sí, lo único que nos dice es que lo dejemos tranquilo, porque no lo entendemos. Está de un humor cambiante en la casa, pero cuando lo oímos con sus amigos, parece otra persona, hace bromas, los hace reír. lo que sucede es que su hijo ha entrado en la adolescencia.
Es en esta etapa de la vida, cuando se producen múltiples y profundos cambios en la persona, en los aspectos biológicos, psicológicos y del entorno social. El adolescente está en una fase de crecimiento y desarrollo, que incluye la separación de sus padres, y donde los amigos pasan a ocupar un lugar especial. Todos estos cambios también van a modificar la forma de relacionarse con sus padres. Es entonces, cuando las normas que hasta ahora funcionaban perfectamente, deber ser evaluadas y adaptadas a los cambios que se producen en su hijo adolescente.

Si los padres no intentan entender lo que está pasando en esta etapa, y siguen usando las mismas pautas y normas, harán que su hijo se sienta “sometido y controlado”, y entonces se rebelará, discutiendo, aislándose cada vez más y se refugiará en su grupo de amigos, quienes “si lo entienden” porque están pasando por la misma situación. por lo tanto, antes que estalle una crisis familiar, se impone la necesidad de cambios en la dinámica de la familia. una de las principales tareas de los adolescentes, es buscar su individualización e identidad personal. lo que su hijo necesita en esta edad es desarrollarse individualmente, aprender a pensar y funcionar por sí mismo sobre las bases de sus propios valores y creencias (sin que esto signifique que desee separarse de su familia ni romper con las relaciones familiares), sino que hay una necesidad de cambio en la forma de relacionarse con los padres.

Puede ser que como padres, actuemos de una forma errada sin saberlo, por alguna de estas razones:
1. lo seguimos viendo como al niño pequeño, que necesita de nuestra protección permanente.
2. Tenemos miedo a la separación de nuestros hijos, sobre todo si hemos mantenido una relación muy estrecha o hemos sido sobre protectores, ya que entonces vemos esta situación como una pérdida.
3. Tenemos miedo ante los peligros por la inseguridad, de lo que pueda suceder en la calle.
4. En algunos casos los tratamos como unos niños, simplemente por que no sabemos hacerlo de otra manera.

ENTONCES, ¿QUÉ HACER?
Lo primero que debemos hacer es reflexionar ampliamente sobre la situación, identificar nuestros miedos y entender la adolescencia como una etapa de cambios. debemos aceptar que las cosas no pueden ser como antes, simplemente porque nuestros hijos ya no son
unos niños. no espere que sus hijos cambien, si usted como padre no está dispuesto a cambiar la dinámica familiar. a continuación le enumeramos

Algunos consejos prácticos:
1. Tenga paciencia, el cambio se producirá poco a poco.
2. No se deja llevar por la ansiedad que produce esta etapa, ya que ésta es una fase transitoria, pero su hijo siempre necesitará
(aunque no lo parezca), que le pongan límites, normas y exista una jerarquía clara en la familia.
3. Busque la mejor manera de comunicarse con él, no lo interrogue con tanta insistencia, escúchelo cuando él lo necesite. No lo haga sentirse perseguido y controlado.
4. Demuéstrele confianza. si su hijo cumple con las normas y límites establecidos, haga las mismas más flexibles de acuerdo a su responsabilidad y a su cambio de actitud.
5. Respete sus espacios de privacidad e intimidad recuerde que usted también tiene los suyos. Enséñele también a respetar los de los demás.
6. No se dirija a él con palabras agresivas, que le hieran, y menos delante de las demás personas. utilice
mensajes positivos, que demuestren que es importante y anímelo cuando haga algo positivo.
7. aunque para usted sea difícil, sea tolerante con sus costumbres, gustos y amistades. Esto no significa que debemos aceptarle todo lo que nuestro adolescente quiera, debemos cambiar las cosas que no funcionan, pero siempre debemos enseñarle el
respeto a las normas y límites que se han establecido.
8. Busque momentos para compartir con su hijo de una manera amigable, sin intentar reemplazar a sus amigos.

Si mantenemos la paciencia, si buscamos adaptarnos a esta etapa de nuestra vida familiar, si tratamos de resolver los conflictos, los cuales siempre estarán presentes, de una manera asertiva…. lograremos superar exitosamente esta prueba y volver a la armonía familiar.



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Autor del tema: Dr. Armando Arias Gómez
Pediatra. Especialista en salud
del adolescente